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Woodstock 1970 - Imagen: PINTEREST

Los orígenes del 4/20

El número de sustancias activas de la planta. La hora del té en Holanda (¿en serio, Holanda?). El cumpleaños de Adolf Hitler. El número de letras de alguna canción random de Bob Dylan, Janis Joplin o Jimmi Hendrix. El código de la policía norteamericana por delitos de posesión o consumo. Las teorías sobre el origen del  4/20 y su relación con la marihuana alcanzan casi la propia cifra de 420. ¿Cuál es su verdadero significado?

Para todos los fans de ‘Lost’ (los resentidos y los que no), los números 4 8 15 16 23 42 significaron un gran enigma durante seis años. Seis temporadas de teorías, referencias, humo negro, John Locke y osos polares que acabaron en una absurda explicación (sí, somos fans resentidos). Extrapolado al mundo cannábico y stoner, el 4/20 es el equivalente a aquella mágica cifra de ficción.

Cada 20 de abril, los fumadores de hierba, las empresas del sector, los defensores del cáñamo y Snoop Dogg celebran a lo largo de todo el mundo el día mundial de la marihuana. Mientras en España el 90% de las personas postean en sus redes sociales la canción de Celtas Cortos, en el resto del planeta se festeja y/o reivindica esta efeméride dedicada a la planta más contracultural que existe.

Pero, ¿por qué el 20 de abril? Haciendo un rápido repaso a las efemérides del día, nos encontramos con nacimientos tan dispares como el de Adolf Hitler, Joan Miró o Tito Puente. Nada que pueda llevarnos al cannabis y su consumo. Tratándose de un símbolo que aúna reivindicaciones sociales, contraculturales y libertarias, sería de lógica pensar que existe una intrahistoria en el nacimiento de esta celebración.

Dependiendo de los recuerdos nebulosos que las fuentes puedan tener, el origen del 4/20 te lleva a dos corrientes predominantes. Otra vez como en ‘Lost’ y los habitantes de la isla, ¿estaban muertos o vivos?

Según la edición de mayo de 1991 de la revista ‘High Times’, el 4/20 comenzó en algún lugar de San Rafael, California, durante la década de los 70. El artículo firmado por Steven Bloom hablaba de que 420 era el código que utilizaba la policía para informar de un posible delito por consumo de hierba. Pero la realidad no tenía nada que ver con un código policial, aunque sí con la población californiana de San Rafael.

Hippies en los 70

Hippies en California – Imagen: PINTEREST

Un grupo de estudiantes de la High School autodenominados Los Waldos recibieron la noticia en otoño de 1971 de que un miembro del servicio de Guardacostas ya no podía cuidar su cultivo marihuana cerca de la península de Point Reyes. Al grupo de amigos se le encendió la bombilla y, como en tantas expediciones de ‘Lost’ o ‘Los Goonies’ con su mapa del tesoro, tramaron su propia aventura.

Los Waldos acordaron reunirse después de sus prácticas deportivas (eran todos atletas) en la estatua de Loius Pasteur que había fuera de la escuela. ¿La hora? Las 4:20.

Aunque las incursiones nunca tuvieron éxito ni encontraron el cultivo escondido, el grupo continuó quedando a la misma hora, las 4:20. Obviamente, todas estas quedadas iban acompañadas de porros, caladas y humo.  Y como suele ocurrir en tantos grupos de amigos, convirtieron la hora de quedada en una palabra clave. Una manera de poder comunicarse entre ellos y saber que iban a fumar. Decir “420” era decir “¿Quieres fumar?”. Ni el resto de estudiantes, ni los profesores, ni sus padres podían identificar de qué estaban hablando.

magen: Pinterest - © Jim Marshall Photography LLC

Janis Joplin y Jimmy Hendrix en los 70 – Imagen: Pinterest – © Jim Marshall Photography LLC

La clave, 420, comenzó a difundirse de manera espontánea y natural por todo San Rafael y posteriormente otras partes del estado de California. Para cuando el mundo entró en la década de los 90, el término ya se había propagado por lugares inesperados: Ohio, Florida o Canadá.

La internacionalización del 4/20 corrió a cargo de ‘High Times’. Su editor Steve Hager lo incorporó a todos los grandes eventos que organizaban, como la ‘Cannabis Cup’. Todo un mundo alrededor del 420. La publicidad que la revista dio es lo que lo convirtió en un concepto global.

Y de aquí, del 420, se sacó el día internacional de la marihuana. Tan sólo hubo que fijar una fecha a esa cifra de una manera lógica. Según el calendario estadounidense 4/20 es el 20 de abril. Así de fácil fue, no como ocurrió en ‘Lost’.

Imagen: Pinterest

7 razones para visitar Nimbin, el reducto hippie de Australia

La historia de Nimbin, el pueblo hippie de Australia, comienza en 1973 con la celebración de un festival multicultural en favor del pensamiento alternativo y la vida autosostenible. Tal fue su éxito que muchos de los asistentes se quedaron a vivir en la localidad, adquiriendo sus tierras en forma de multipropiedad. A partir de ese momento, se convirtió en un reducto hippie donde el consumo de cannabis es totalmente tolerado.

1. En Nimbin está tolerado el consumo de marihuana

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2. La autosuficiencia y la protección del medio ambiente son las líneas rojas del estilo de vida Nimbin

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3. Se encuentra cerca de la costa este de Australia, a 800 kilómetros al norte de Sídney

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“Voy camino Nimbin” -Imagen: PINTEREST

4. Este pequeño pueblo pertenece al Área de Gobierno de Lismore, la localidad más próxima y lugar de nacimiento de Julian Assange, fundador de Wikileaks

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Hasta los buses son hippis – Imagen: PINTEREST

5. Esta es la capital contra-cultura del cannabis impulsada de Australia. La vasta área que rodea el pueblo es conocido como el ‘Rainbow Region’

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La esencia de Lennon – Imagen: PINTEREST

6. El primer fin de semana de mayo tiene lugar el MardiGrass, un festival-protesta por la legalización de la marihuana, con actividades y música en directo

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Festival de Nimbin – Imagen: PINTEREST

7. El MardiGrass comenzó en 1993 con los objetivos de convertirse en una manifestación pacífica

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Festividades en Nimbin – Imagen: PINTEREST

Steve Jobs en los 70 - Foto: Pinterest

Steve Jobs, billion dollar hippy

Érase una vez un hippie que apenas pisó la universidad, fumaba marihuana porque le “volvía creativo” y acabó revolucionando el mundo de la tecnología

Nacido en 1955, Steve Jobs se crió con su familia adoptiva en Santa Clara Valley. Este cotidiano y, a priori, irrelevante dato puede adoptar más importancia si llamamos a la población donde el joven Steve creció por su nomenclatura más popular: Silicon Valley. La capital mundial de las startups, el lugar donde IBM, Apple y Microsoft se batieron a duelo por la supremacía de la informática es el lugar que vio a Jobs dar sus primeros pasos.

Fue durante su adolescencia y paso a la madurez donde Steve Jobs forjó la otra faceta de su personalidad. La más zen. El lado opuesto del ogro empresarial insaciable. Eran los años 70, con la California de hippies y San Francisco como capital de la contracultura cuando Jobs, acompañado de Daniel Kottke, devoró el ‘Be here now’, el libro sobre espiritualidad, yoga y meditación, pero también sobre las drogas psicodélicas.

“Consumí LSD durante dos años. De 1972 a1974. En ese periodo de tiempo lo consumí aproximadamente diez o quince veces. Tomaba LSD en un cubo de azúcar o en una forma dura de gelatina. Normalmente lo hacía cuando estaba sólo”.

Leer ‘Be here now’ supuso el propio viaje de Steve Jobs a su particular India. Probar el LSD supuso una liberación personal para el futuro fundador de Apple. Jobs siempre se mostró feliz de haber pasado por la experiencia de consumir LSD y lo considera una experiencia positiva. Pero alucinógenos aparte, también fumó marihuana.

“La mejor forma en que describiría el efecto de la marihuana y el hachís es que me relajaba y me hacía creativo”.

Pero su creatividad nunca tuvo nada que ver con una faceta artística. Con la máxima expresión del arte y de la creación. Steve Jobs fue más bien un visionario. Un editor. Alguien que veía los puntos y los unía. Obsesionado por el diseño, el packaging y el envoltorio, hizo que media humanidad viviera Apple como un club de fútbol del que sentir los colores y celebrar los goles. iMac, iPod, iPhone e iPad supusieron, progresivamente, pequeñas revoluciones tecnológicas y socio-culturales. La verdadera faceta artística de Jobs fue la creación de necesidades que hasta entonces no existían y de vínculos emocionales de las personas hacia una marca.

Steve Jobs no inventó ni el ratón ni el mp3 ni la animación por ordenador, pero los universalizó y lo convirtió en necesidad. Cambió el mundo con una rara mezcla de carisma, descaro, confianza en sí mismo y ambición. Creó una industria que no necesitábamos o al menos eso creíamos hasta que apareció él. En definitiva, pensó diferente para que todos acabáramos pensando igual.