El mercado del cannabis en Europa cambia

Sí, las cosas van cambiando en el mundo con respecto al cannabis despacito, con algunas notables zancadas como la que protagonizó Canadá el año pasado legalizando el consumo recreativo y el goteo constante de estados de EE.UU. que se van sumando a la medida. Movimientos importantes en este sentido se están tramitando ya en México o Luxemburgo, confirmando una tendencia que, por otra parte, sigue encontrando una terrible resistencia a pesar de los datos.

¿Cuál es la situación actual del mercado del cannabis en Europa?

Tanto esfuerzo por mantener bajo control una sustancia que no solo no es peor que un gin tonic, sino que posee una multitud de aplicaciones, desde la cosmética o la medicina, hasta la arquitectura, pasando por la industria papelera o la energética, para que, una y otra vez, las cifras confirmen el fracaso del prohibicionismo.

Esas cifras nos decían ya en 2014 que España es el tercer país en el que más cannabis se consume de toda Europa con un 15%, por detrás de Reino Unido (24%) y Alemania (16%), según reporta el Centro Europeo de Monitorización de las Drogas y la Adicción (EMCDDA por sus siglas en inglés) en un informe europeo sobre consumo de drogas.

La Federación Mundial Contra las Drogas (WFAD) se hizo eco del reporte encontrando alarmante la ola de legalizaciones en distintas partes del mundo y el hecho de que en el mercado estén proliferando productos a base de cannabis. Téngase en cuenta que, al menos en Europa, donde se centra el reporte, los productos legales de cannabis no son psicoactivos pues se basan en el CBD, el principal cannabinoide de la planta de la marihuana que no posee efectos intoxicantes ni adictivos. Además, la OMS acaba de recomendar a la ONU la retirada del CBD de la lista de sustancias sometidas a fiscalización internacional.

La palabra “contra” en el nombre de la Federación Mundial Contra las Drogas lo dice todo. Es la institucionalización de la “guerra contra las drogas”, ese modelo fracasado y retrógrado de gestionar la relación de los seres humanos con sustancias que producen efectos psicoactivos o embriagadores.

Hoy sabemos empíricamente que la estrategia de prohibir no solo no funciona, sino que produce efectos secundarios terriblemente negativos, algo de lo que se han empezado a dar cuenta algunas de las sociedades más avanzadas del mundo y ante lo cual han decidido tomar cartas en el asunto. Cartas racionales.

El informe reconoce el aumento de los cultivos ilícitos en Países Bajos, inglaterra, Polonia y Bélgica. También reporta que las incautaciones se doblaron en 2012 tras un periodo de 6 años. Habla de millones de plantas confiscadas en Europa cada año y sugiere que el aumento de desmantelaciones de cultivos, sobre todo en el este de Europa, no se debe tanto a un reforzamiento de las acciones policiales, sino a un incremento tácito del cultivo doméstico.

Así, la distancia entre productores y consumidores se acorta, no solo por el volumen creciente de producción, sino por la adaptación del mercado a nuevas formas de consumo.

 

Mayor producción para mercado doméstico

El informe señala que en los últimos diez años “se han producido grandes avances en la aplicación de técnicas de mejoramiento, cultivo, y procesamientos avanzados de plantas para la producción de cannabis. Al mismo tiempo, los mercados europeos de productos de cannabis han cambiado fundamentalmente. Hoy en día, se consume en la Unión Europea más cogollos de cannabis que resina. Cada vez más, el cannabis se produce en los mismos países donde se vende y consume. Al mismo tiempo que producción de cannabis ha aumentado, se han observado indicios de que es también que se exporta a los países vecinos”.

En 2012 fueron incautadas 40 toneladas en España, lo que convierte a este país en un productor importante.

El informe da otro dato significativo: el 78 % de los delitos relacionados con el cannabis en Europa estaban relacionados con el consumo o la posesión para autoconsumo.

Todo esto, y hablamos de un informe que ya tiene un lustro, pone de manifiesto la necesidad de nuevas políticas más racionales, que se adapten a los signos de los tiempos. Lamentablemente, las conclusiones del informe van en el otro sentido, en ese sentido que ya sabemos que no funciona:

“El cannabis producido en Europa plantea un problema a los organismos encargados de hacer cumplir la ley, ya que es más difícil de detectar e incautar que los productos de cannabis enviados a Europa a través de sus fronteras exteriores. Esto subraya la necesidad de técnicas avanzadas de detección para apoyar los esfuerzos de interceptación.”

Lo irónico es que estos informes elaborados por organizaciones cuyo fin último es la erradicación de las drogas, no hacen sino confirmar el fracaso continuo de su propio trabajo.

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