Marihuana a la carta para un consumo seguro

No es cierto que el consumidor de marihuana persiga colocarse continuamente cuando consume. Al menos no es más cierto que afirmar que el consumidor de alcohol busque emborracharse cada vez que bebe. El mercado del alcohol ofrece una diversidad de productos tal que permite al consumidor modular su uso. Con respecto a la marihuana, esto es algo que solo encontramos en los mercados legales.

5%, 12%, 40%. Estos tres porcentajes de volumen de alcohol son fácilmente asociables por los consumidores a diferentes productos. Existe, a través de la regulación de mercado, una educación social al respecto. El consumidor no va a ciegas a tomar lo que sea solo porque contenga alcohol. Sabe lo que quiere, cómo lo quiere y cuándo lo quiere. Se puede disfrutar de una copa de vino con la comida, de una cerveza en una terraza al caer la tarde o de un cocktail por la noche. Un aspecto que a veces pasa desapercibido pero importantísimo de la regulación, de la oferta y la educación social, es que ayuda a minimizar los riesgos.

No se trata solo de los controles de calidad, del etiquetado, del control de acceso a menores, de la disponibilidad continua y de la educación y convenciones sociales: la regulación de un producto de consumo con una elevada demanda aumenta dramáticamente la seguridad de ese producto.

 

La prohibición ha hecho a la marihuana más peligrosa

En este sentido Jordan Waldrep, gestor de inversiones de Vice Fund, contaba en un artículo de Forbes cómo la prohibición ha vuelto a la marihuana más peligrosa, exactamente de la misma forma que la Ley Seca aumentó los peligros del alcohol, al ajustarse el mercado negro al producto disponible. No solo comenzó a haber episodios de adulteraciones que desembocaron en envenenamientos y muertes masivas, sino que la media de la potencia del producto aumentó: resultaba más fácil para los traficantes transportar un barril de bourbon que ocho barriles de cerveza.

Algo parecido ha ocurrido con el cannabis: durante la prohibición el cannabis ha ido evolucionando hasta el producto que está disponible en el mercado negro. Cuando el producto es ilegal y las penas se basan en la cantidad de gramos, es lógico que el producto evolucione de forma que con menos cantidad se logren los máximos efectos. Para los traficantes es más fácil de transportar, además de permitirse aumentar los precios con la potencia. De esta manera las genéticas en general han evolucionado hacia cepas con un creciente contenido de THC, el compuesto psicoactivo de la marihuana. Paralelamente el CBD, el principal componente no psicoactivo de la marihuana, responsable de modular los efectos del THC, ha ido disminuyendo.

 

La marihuana ilegal es cada vez más fuerte

En 2016 un artículo de Biological Psychiatry mostraba cómo de media, la marihuana había pasado de tener un 4% de THC en 1995 a un 12% en 2012, mientras que el CBD había caído de un 0,28% a un 0,15% en el mismo periodo. En personas con factores genéticos de riesgo, el consumo continuado de cannabis aumenta el riesgo de psicosis. La sustancia responsable de ello es el THC. Cuanto más potente es una variedad, mayor es el riesgo de psicosis, sobre todo si se reduce la cantidad de CBD capaz de reducir la ansiedad y la psicosis en personas con predisposición genética.

En otras palabras, la prohibición ha aumentado la potencia del cannabis de una forma que pone en riesgo a los consumidores. Y no se trata solo de predisposición genética a la psicosis, sino de que el consumidor no tiene muchas alternativas a un colocón fuerte cada vez que consume cannabis, cuando habitualmente no es eso lo que persigue. Si los consumidores tuviesen acceso a un mercado regulado, con productos con diferentes características, podrían ejercer hábitos de consumo moderados y responsables, de la misma forma que la mayoría de los consumidores se relaciona con el alcohol.

De hecho, es algo que ya se puede observar en los mercados legales. En estos mercados, los usuarios están cada vez mejor informados y aprenden a elegir racionalmente el producto que van a consumir atendiendo a la relación de proporciones entre THC y CBD. Dado que la prohibición no evita en la práctica el acceso al cannabis (es más, incluso facilita el acceso de menores al producto), además de poner en riesgo a los consumidores por la falta de control, la regulación es prácticamente una obligación moral.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *