Madrid inicia una campaña de prevención de consumo de cannabis en menores

Con el fin de informar a los menores de los riesgos para la salud del consumo de cannabis y aumentar su percepción de riesgo, la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, a través de la Dirección General de Salud Pública, ha iniciado una campaña de prevención de consumo de cannabis en el marco de su ‘Estrategia de Prevención de Adicciones’.

La primera fase de la campaña está orientada a alumnos de 1° a 4° de la ESO (12 a 16 años de edad) y, además de materiales de apoyo para profesores y alumnos, incluye el visionado de un vídeo en el que se pretende dar respuesta a los principales mitos sobre su consumo que se dan entre los menores. Entre estos mitos encontramos que el de que fumar porros es bueno para la salud porque el cannabis tiene efectos terapéuticos, o que es más sano fumar cannabis que tabaco.

Según datos de la Dirección General de Salud Pública, el cannabis es, después del tabaco y el alcohol, la droga más consumida en la Comunidad de Madrid, un dato que lejos de sorprender, es prácticamente aplicable a cualquier región del mundo.

Los jóvenes madrileños consideran muy fácil acceder al cannabis y, generalmente la percepción de riesgo que tienen sobre su consumo es baja.

 

¿Ayuda el prohibicionismo  a la prevención de consumo de cannabis?

La realidad que aquí se impone sin ambages es que, a pesar de los esfuerzos, la prohibición del cannabis es cualquier cosa menos efectiva. Las campañas de prevención de consumo, especialmente en menores (dado que el cannabis afecta de forma especialmente negativa al cerebro cuando aun se está desarrollando), son una iniciativa loable, pero sin acompañarlas de políticas regulatorias racionales y pragmáticas, son más bien un parche.

El mismo vídeo de la campaña afirma que el uso del cannabis por los menores está relacionado con el desafío a su prohibición, pero también en la facilidad para conseguirlo.

Expresado con otras palabras, en cannabis es la sustancia ilegal más consumida por los menores y el acceso a la misma es sumamente fácil por la sencilla razón de que su control está en las manos equivocadas. El cannabis está literalmente en la calle, en cualquier parte, sin ningún control sanitario y sin ninguna garantía de calidad.

Irónicamente, la ilegalidad rotunda del cannabis contribuye dramáticamente a su disponibilidad para los menores.

¿La legalización reduciría el consumo en menores?

“Pero si se legalizara seguro que se consumiría menos” plantea el personaje que representa a la juventud desinformada en el vídeo de la campaña madrileña. El narrador responde: “la legalización no tiene por qué disminuir el consumo de cannabis, pues las drogas más consumidas son el alcohol y el tabaco, que son legales”.

Aquí nos topamos con un problema de fondo: ¿son las más consumidas por ser legales o son legales por ser las más consumidas? En cualquier caso, ¿si fueran ilegales se consumirían significativamente menos? Nada hace pensar que así fuera, dado que la ilegalidad del cannabis no afecta a su posición en el tercer puesto de droga más consumida, no solo en Madrid, sino en todo el mundo.

En vez de hacer hipótesis aventuradas para justificar la perpetuación de la ilegalidad del cannabis -postura que desde hace un tiempo parece ser bastante irresponsable si lo que se pretende es proteger a los menores y a la sociedad y mejorar la salud pública-, ¿por qué no volver la vista a aquellos lugares donde el consumo recreativo de cannabis se ha legalizado, a ver qué nos dicen?

Por ejemplo en el estado de Washington en EE.UU., donde el consumo recreativo se legalizó hace 6 años, la tasa de consumo entre menores no ha aumentado según confirma un estudio llevado a cabo por el estado. El Washington post también reportaba un descenso del consumo de cannabis entre adolescentes en EE.UU. hasta el punto más bajo en los últimos 20 años en 2016, y con una particular caída desde 2014, coincidiendo con la legalización del cannabis recreativo en los primeros estados, dato que desafía las predicciones de los oponentes de la legalización.

 

Legalizar y mejorar la educación sobre el consumo

Los menores también perciben, al igual que los adultos, las incoherencias en el tratamiento social y normativo que hay entre el cannabis, y el alcohol y el tabaco.

El problema es que las políticas de prevención y de concienciación sobre el alcohol y el tabaco tradicionalmente han estado muy mal hechas en nuestro país. Sumémosle la arraigada cultura de la sobremesa, de la asociación entre celebración y alcohol, de regalar cigarrillos y puros en las bodas, por no hablar de generaciones creciendo con una sobreexposición a la publicidad y a la propaganda de estos productos… Incluso tenemos las recomendaciones sobre el consumo de alcohol más laxas de Europa, lo cual contribuye muy pobremente a la percepción de riesgo.

Es decir, si no tenemos ni con las sustancias controladas una adecuada política y cultura de la prevención y de la concienciación sobre el riesgo, ¿cómo pretendemos tener éxito con una sustancia que campa a sus anchas por las calles?

Prohibir el cannabis durante un siglo no lo ha sacado de la calle ni ha reducido la accesibilidad a los menores, pero aumenta el riesgo sanitario por la falta de control de los productos en circulación. Desde un punto de vista pragmático y racional existe una medida que permite tomar el control de una sustancia descontrolada, mejorar su calidad y seguridad sanitarias, y obtener ingresos públicos para revertir en prevención y educación sobre su consumo. ¿Sabéis cuál?

 

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