La otra cara de la victoria de Trump: Estados Unidos se convierten en el mayor mercado legal de la marihuana

Ocho estados se suman tras aprobarse en referéndums a los 23 territorios que ya permitían el consumo de marihuana. La legislación al detalle, la economía revelada y sus consecuencias sociales e industriales están en el punto de mira de medio mundo

Más allá de sus resultados, las elecciones presidenciales en Estados Unidos generan distintas inquietudes en Europa cada cuatro años. Las distancias entre los comicios al otro lado del Atlántico llevan a buena parte del público del viejo continente a hacerse preguntas como la razón por la cual esa cita se celebra siempre el primer martes tras el segundo lunes del mes de noviembre en año bisiesto. La razón es, directamente, su relación histórica con el final de las cosechas. El peso de un país de dominante tradición agrícola todavía se deja notar hasta nuestros días y así la ajustada victoria de Trump no ha interrumpido ninguno de esos procesos recolectores.

Pero las distancias son muchas, como por ejemplo que cada uno de los estados que componen el país organice esos comicios de una manera muy distinta. Incluso, con distintas técnicas de recuento y con distribuciones por colegios, distritos, demarcaciones y otro tipo de acotaciones para la práctica del voto. En la mayoría de ellos, la cita electoral sirve para hacer distintas preguntas a la población. Los referéndums, tan habituales, han sido los protagonistas de la otra gran noticia que nos dejó la pasada noche del 8 de noviembre más allá del regreso a la Presidencia de Estados Unidos del Partido Republicano; el país norteamericano es desde ya el mayor mercado legal para la marihuana.

Ocho estados han aprobado su uso legal, aunque con una variable de matices que Nekwo pasa a analizar en este artículo. Los estados que se han abierto a la legalización de la marihuana son California, Nevada, Massachusetts y Maine, el rincón geográfico que durante 40 años nos ha descrito desde la literatura más impactante Stephen King. En estos cuatro estados la legalización es para su uso recreativo y en todos ellos el margen ha sido estrecho con California como la destacada más favorable, alcanzando el 55%. En los estados de Florida, Arkansas, Montana y Dakota del Norte el referéndum también proponía la legalización, pero solo desde su vis medicinal. La misma a la que el cine español acaba de hacerle un guiño nada comedido con la película 100 metros (Marcel Barrera, 2016).

Huelga decir que en los estados de Colorado, Oregón, Washington y Alaska, además del Distrito de Columbia, ya era legal el uso de la marihuana para uso recreativo. En 23 estados, en total y antes del 8 de noviembre, era legal de alguna forma, ya fuera para uso medicinal o como plantación industrial de cannabis. Con este espacio geográfico legalizado, el territorio y población a la que afecta esta esperada apertura de puertas convierte a Estados Unidos, de facto y desde ya, en el mayor mercado internacional de la marihuana. Una situación que, como no podía ser de otra manera, tendrá una serie de consecuencias económicas que pasamos a analizar. Antes, en el caso de los estados medicinales y cogiendo a Florida como ejemplo, es importante decir que se abre un semestre de negociaciones para regular el sistema de dispensarios y resortes médicos para que esa venta sea legal.

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Se espera que se desarrollen una serie de fórmulas relacionadas con la enmienda para, más tarde, iniciar un registro legal sobre cultivadores y dispensarios. En estos estados donde la marihuana medicinal será legal, hará falta que los pacientes tengan una tarjeta exclusiva y expedida por médicos colegiados.

Datos y detalles sobre el impacto económico que se generará

Medio mundo mirará durante los próximos años la evolución de este supermercado para la marihuana. Importantes inversores y consumidores, los mismos que han ejercido de lobby en muchos de esos territorios americanos, serán los conejillos de indias de unas consecuencias sociales y económicas que podrían abrir el consumo legal de la marihuana al resto del mundo. En Estados Unidos es tan relevante la realidad de la marihuana que en estados como Colorado, donde ya estaba permitido su uso, existen estudios como el de la Marijuana Policy Group que analizan específicamente el impacto económico sobre ese lugar. Sus datos sirven para hacer una extrapolación de las derivadas dinerarias de la situación: solo en 2015, la industria del cannabis generó 18.000 empleos a tiempo completo y generó 2.400 millones de dólares de movimiento.

¿Qué impacto tendrá en las arcas públicas esta apertura del producto a la economía no sumergida? Bien, es difícil calcular hasta la fecha una cifra total para Estados Unidos de cara a los próximos cuatro años, pero el impacto en el estado de Washington –con mucha menor población que California, donde ya era legal para uso medicinal- recaudó 67,5 millones de dólares el primer año completo de ejercicio (2015). Si la cifra parece importante, las cifras que aporta Bloomberg a partir de los datos de la Office of Financial Management dicen que la cifra se multiplicará hasta llegar a una recaudación por impuestos de 369 millones de dólares. Estos dos estados, el de Washington y el de Colorado, fueron los primeros en avanzarse a la realidad hace ahora cuatro años y dispensan el producto con normalidad desde 2014.

¿Cómo se logran esas cifras de recaudación? En el proceso productivo hay implicados tres actores fundamentales: cultivadores, fabricantes y minoristas. Todos ellos, cogiendo de nuevo al estado de Washington como referencia –en realidad, el que más está recaudando hasta la fecha en impuestos- pagaban un 25% de sobrecargo. Un impuesto equiparable a las bebidas alcohólicas o el tabaco. No obstante, el crecimiento exponencial al que hacen alusión las fuentes del artículo anteriormente enlazado, advierten que esa tasa va a subir hasta un 37% para los minoristas. En California, a la tasa actual para el uso medicinal, se le sumará un 15% más para la recreativa aunque ahí es cada estado quién decide sus cuotas. La recaudación, que revierte a fondos municipales, estatales y del país, tiene por norma general generar programas de prevención de malos hábitos, tratamientos dispares contra otras drogas y fuerzas de seguridad.

¿Y quién podrá consumir, cómo y dónde? Es importante destacar, cogiendo a California de nuevo como paradigma del resto de territorios, que sus ciudadanos podrán “poseer, transportar y comprar 28,5 gramos de marihuana” para su uso recreativo, siempre y cuando sean mayores de 21 años. Como ya se ha insistido en todo el proceso de campaña electoral, no estará permitido el consumo en la vía pública ni mientras se conduce. Esto también sucede en la totalidad de los territorios que han legalizado el uso del cannabis ya sea para uso particular o medicinal.

El impacto económico silencioso

No obstante, hay otro impacto económico no menos interesante con la legalización de la marihuana en una parte considerable de Estados Unidos. Un informe de la American Civil Liberties Union (ACLUB) reveló que de los 8,2 millones de detenciones realizadas durante toda la pasada década, el 88% tuvieron como motivo la tenencia de la sustancia. Más allá de que las estimaciones digan que el 50% de los cárteles del crimen organizado en California se sustentaban durante la época en la compraventa de cannabis, lo cierto es que el ahorro en los costes del sistema de justicia es enorme. Ese 88% de la población no entorpecería el funcionamiento de esa estructura, pero además reduciría -según lo que se desprende del estudio- el hacinamiento en cárceles, además de descalcificar una buena parte de las organizaciones criminales sin el sustento de este ingreso. Los datos sociales e intereses económicos han llevado a que, incluso alguno de los periódicos más influyentes de esos territorios, como el caso de Los Angeles Times, publicaran editoriales favorables a partir de estas ideas.

Frente a estas bonanzas, los opositores en distintos estados de cara a estas elecciones aproximaron las ideas de que podía generar riesgos de seguridad vial, aumentar las muertes en carretera y los accidentes en general y el inicio en el consumo de jóvenes fuera de la norma. En muchos casos, los efectos sociales y  de psicopercepción a partir de un consumo que será legal en un buen número de condiciones.

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