La ONU y la reevaluación del cannabis

Uno esperaría de la ONU que adoptase posturas más progresistas y por tanto una reevaluación del cannabis, atendiendo a los resultados que la ciencia está ofreciendo sobre la seguridad del cannabis y a la experiencia de aquellas regiones del mundo que han decidido desafiar las convenciones sobre drogas.

Pero lo que tenemos al respecto se parece mucho al modelo de las instituciones religiosas, que intentan dirigir el mundo desde el vagón de cola, para siempre acabar, a regañadientes, amoldándose a los cambios inevitables, a los pasos que nos llevan al futuro. Porque no cabe duda de que, a pesar de tanto remoloneo con convenciones que tienen medio siglo de antigüedad, la ONU va a tener que revisar su postura con respecto al cannabis.

La premiada periodista del cannabis Sara Brittany Somerset acaba de publicar en Forbes una nota al respecto en la que se hace eco de la reunión el pasado junio del Comité de Expertos en Drogodependencia de la Organización Mundial de la Salud, la agencia de la ONU especializada en la salud pública internacional, en la que buscaba evaluar los perjuicios en salud pública del cannabis y el valor terapéutico del mismo y de sus derivados.

La reevalución del cannabis a la espera

Aunque parezca increíble, se trató de la primera vez que este comité se reuniera para la reevalución el cannabis desde que se estableciese su actual clasificación entre las convenciones de 1961 y 1971. Es decir, en lo que respecta a esta maravillosa planta, el máximo organismo supranacional que vela por la salud de los estados miembros, durante medio siglo no ha tenido nada nuevo que decir, en uno de los ejercicios de miopía institucional más grandes que podemos reportar.

Algo bueno salió de aquella reunión: la recomendación del Comité de Expertos en Drogodependencias en sacar al CBD de la clasificación general del cannabis, dada su ausencia de efectos intoxicantes y de potencial de abuso o dependencia. También se concluyó que el cannabis en general es relativamente seguro, afirmación que solo se puede ejercer comparándolo con la seguridad de sustancias que no están sometidas a la clasificación actual del cannabis, que es la más estricta que impone la ONU, y que abarca a otras sustancias como la heroína o los análogos del fentanilo.

De hecho, en la reunión se aprovechó para evaluar algunas de las llamadas nuevas sustancias psicoactivas, como cannabinoides sintéticos o medicinas como la pregabalina o el Tramadol. Respecto a este último, salta a la vista que existe una incoherencia entre el tratamiento que le confiere la OMS, según la cual el Tramadol no debería estar bajo control a pesar de ser un narcótico con elevado potencial de abuso, que se receta habitualmente como anti-inflamatorio, mientras que el cannabis no es narcótico, es un anti-inflamatorio natural y tiene menos potencial de abuso.

El mes pasado se volvió a reunir el Comité de nuevo con motivo del cannabis. Resulta llamativo que no se hayan reunido por ello ni una vez en 50 años, y en un año lo hayan hecho dos veces. Creemos que es bueno, huele a cambios. La ONU siempre se ha mostrado muy reticente a escuchar a los defensores del cannabis, evitando relacionarse con ellos y recurriendo habitualmente a la censura, algo que se aprecia claramente en el hecho de que la ONU no concede actualmente acreditaciones de prensa a medios cannábicos.

En un email a Brittany, Daniela Bagozzi, Directora Superior de Comunicación del Departamento de Acceso a Medicamentos, Vacunas y Productos Farmacéuticos de la OMS decía que el cannabis “es una planta mucho más compleja de lo que muchos piensan, está compuesta por al menos un par de cientos de compuestos, algunos de los cuales tienen propiedades psicoactivas, otros menos, y otros parecen mostrar algún valor terapéutico (como el cannabidiol), en vista de lo cual, la OMS necesita examinar las pruebas y el potencial de daño, abuso y dependencia, así como los posibles usos terapéuticos.”

Como si no hubiesen tenido diez lustros para abordar esa aproximación. En cualquier caso, sabiendo que la inercia que impone el peso del conservadurismo con respecto al cannabis en la ONU no es fácil de vencer, ya estamos viendo movimientos que anuncian cambios en gran medida alentados por el desafío que algunos estados miembros han planteado a las convenciones vigentes. Las revoluciones solo se logran rompiendo reglas.

 

 

 

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