El gobierno británico prohíbe a la ministra de drogas hablar sobre marihuana

La diputada conservadora y ministra de drogas Victoria Atkins “olvidó” mencionar que su marido dirige una enorme granja de cannabis cuando juró el cargo. Es por ello que el gobierno británico prohíbe que hable sobre marihuana.

 

Esto es lo que se conoce como “conflicto de intereses”. Si resulta que tu cónyuge dirige una granja de cannabis, muy difícilmente vas a poder ejercer el puesto de ministro de drogas con absoluta imparcialidad. O eso es lo que se desprende de las directrices del Ministerio, según las cuales los intereses familiares deben ser declarados si son relevantes para una responsabilidad ministerial. Suena lógico, pero no falta quien se queje. Por ejemplo, Steve Moore, del equipo de expertos en política de drogas Volteface, se lamenta de que “estamos en la ridícula situación de tener una ministra de drogas incapaz de hablar en el Parlamento o tomar decisiones sobre una de las partes más importantes de su trabajo.”

Desde el Ministerio del Interior se asegura que Victoria Atkins se había “desvinculado voluntariamente de la política relacionada con el cannabis” en el pasado, pero de alguna manera no mencionó el conflicto de intereses cuando ocupó el cargo ministerial el pasado noviembre.

British Sugar, compañía ubicada en Wissington, Norfolk, que dirige Paul Kenward, el marido de Atkins, es la mayor productora de cannabis de Gran Bretaña. British Sugar se asoció con GW Pharmaceuticals para producir cannabis para la elaboración de Epidolex, un medicamento para tratar formas severas de epilepsia infantil, consistente básicamente en CBD (cannabidiol, un cannabinoide no psicoactivo de la marihuana y con múltiples propiedades terapéuticas).

La señora Atkins ha sido siempre una opositora ferviente de cualquier forma de legalización del cannabis y una defensora de la criminalización del consumidor, así que, en nuestras opinión, este palo es lo mínimo que se merece. También se posiciona rígidamente en la científicamente falaz línea del gobierno, según la cual la marihuana no tiene “ningún valor terapéutico”.  Pero, por supuesto, en un ejercicio de hipocresía política espectacular, cuando se trata de su marido, Atkins tiene un punto de vista diferente y, por supuesto, ejerce su autoridad para emitir licencias a su completa discreción.

En julio de 2017, replicando a un opositor sobre la regulación de las drogas, Atkins dijo en el Parlamento:

“Estamos hablando de criminales armados, a los que no les importa dispararse entre sí y a la gente que les transporta sus drogas ¿Cuál cree mi honorable amigo que será su reacción ante la idea de que las drogas sean reguladas? ¿Realmente cree que esta horrible gente se convertirá en ciudadanos respetuosos de la ley?”

Atkins está haciendo demagogia barata con caricaturas trasnochadas acerca de mafiosos de las drogas para referirse a quienes luchamos por la legalización racional de la marihuana, pero teniendo a su marido en el negocio cabe preguntarse si lo considera un ciudadano respetuoso de la ley o un criminal armado.

El presidente de Clear (Campaña para la Reforma de la Ley del Cannabis) Peter Reynolds, dijo: “No es sólo un conflicto de intereses, es hipocresía a gran escala. La razón por la que fue nombrada (ministra de drogas) es porque Theresa May estaba buscando a alguien que fuera prohibicionista de línea dura. La política del partido conservador sobre las drogas – el cannabis en particular – se opone directamente a la evidencia, y Victoria Atkins es alguien que la apoya. Pero lo que es espantoso es que no sólo quiere apoyarla por razones de política, sino que, evidentemente, quiere apoyarla porque su marido y su familia se están beneficiando directamente de ella”.

 

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