Europa se perfila como un mercado cannábico con grandes oportunidades

Con Alemania a la cabeza, el mercado cannábico europeo da señales de apertura, y los inversores toman nota

En 2016 la Corte Suprema de Alemania facilitó el acceso al cannabis medicinal, y como resultado, la cantidad de pacientes registrados pasó de unos pocos cientos a más de 13 mil a fines de 2017. Se espera que en 2018 decenas de miles más obtengan sus prescripciones. Dada la posición comercial dominante que el país germano ostenta en la Unión Europea, los inversores están prestando atención y esperan que pronto el mercado cannábico europeo se vuelva tierra fértil de oportunidades.

Por el momento, no hay demasiado mercado del que hablar. Más allá del caso anómalo de Holanda, para la mayoría de los países europeos solo autorizan está autorizada la venta en un contexto médico. En comparación con el mercado norteamericano, sin embargo, el cannabis medicinal en Europa presenta varias complejidades. Para empezar, las leyes requieren que los productos sean vendidos en farmacias, e incluso en varios países se requiere que el médico recete una variedad específica, lo que no alienta al consumidor a experimentar y probar, ergo, está limitada la competencia. No serían posibles, entonces, los dispensarios al estilo estadounidense, que ofrecen todo tipo de variedades, y dejan al paciente la libertad de optar por la que mejor le resulte. Además, existen varias restricciones que han limitado la cantidad de pacientes registrados en Europa, que en la mayoría de los países no pasa de unos pocos cientos.

Es por esto que el caso alemán puede servir de testigo de lo que ocurrirá cuando estos obstáculos se alivianen. Claro que el proceso teutón no ha sido tan tranquilo tampoco: si bien se dio licencia a 6 empresas para cultivar marihuana medicinal el año pasado, una serie de juicios y problemas legales han llevado a que el gobierno suspenda la entrega de licencias para este año.

Además, gran parte de las aseguradoras médicas privadas han rechazado dar reembolsos por cannabis medicinal, sin importar que los pacientes contaran con certificados médicos. Se estima que unas 80 mil personas han tenido ese problema en Alemania.

A pesar de estos problemas, el caso alemán permite pensar que una apertura comercial europea puede arrojar enormes ganancias: con una población de más de 740 millones de personas, el beneficio potencial es enorme para quien pueda navegar el complicado mar de restricciones que se las empresas encontrarán antes de poder desembarcar en las costas de Europa.

Un mercado cannábico es un mercado difícil

Europa consta de 40 países soberanos, cada uno con sus leyes y regulaciones que requieren una maestría en burocracia y representan una complicada logística que, claro, no es nada barata. Y dado que por más potencial que tenga, no se trata de un mercado grande en la actualidad, restringe aún más las oportunidades, dado que la inversión que se realice puede no tener un retorno demasiado rápido. Además, la venta solo puede realizarse a través de mayoristas farmacéuticos europeos y no directamente a las farmacias o dispensarios. La empresa canadiense Canopy Growth optó por comprar distribuidores mayoristas en Alemania y República Checa, pero esto no es posible para compañías con menor capital.

Para los estadounidenses en particular, existe una restricción que puede complicar su acceso a los mercados: toda empresa debe demostrar experiencia en cultivo de cannabis por encima de un cierto peso en determinado periodo de años, pero las empresas estadounidenses no serían tomadas en cuenta en cuenta dado que no se encuentran en concordancia con la Convención Única sobre Estupefacientes. Este tratado de las Naciones Unidas permite a cualquier país legalizar y producir drogas con fines médicos, pero no reconoce la potestad de los estados individuales de hacerlo en contra de la ley federal, como sucede en Estados Unidos. Además, el tratado solo contempla los fines médicos y no los recreativos, lo que puede presentar complicaciones con los países que acepten también el uso recreativo, como se espera que Canadá implemente este año.

Otro tema que debe ser considerado por quienes quieran desembarcar en Europa es que, dado que el cannabis es considerado un producto farmacéutico, debe contar con las certificaciones de BPF (Buenas Prácticas de Fabricación) e ISO (Organización Internacional de Normalización) de cada país y por parte de las autoridades de la Unión Europea. Esto sin contar la necesidad de una licencia de importación para cada país, que puede llegar a ser incluso una para cada variedad o producto específico que se quiera importar.

El océano que debe atravesarse no es calmo, pero las recompensas prometen ser grandes. Después de todo, quien domine el mercado europeo bien puede volverse una de las figuras dominantes a nivel mundial. Y una vez que los intereses comerciales comiencen a empujar, es posible que las restricciones que hoy complican los negocios vayan disminuyendo. Los inversores ya están tomando nota. Los gobiernos, posiblemente también.

 

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