Entrevista a Pablo Iglesias sobre la regulación del cannabis

El pasado jueves 18 de octubre el equipo de Nekwo asistimos al foro de discusión “Hacia la regulación integral del cannabis” en la sala Ernst Lluch del Congreso de los Diputados, organizado por Unidos-Podemos. Sin duda se trató del evento sobre la legalización del cannabis más importante que jamás ha tenido lugar en dicho espacio.

Pablo Iglesias inauguró el acto con una afirmación contundente seguida una sugerencia incendiaria para unos y absolutamente cabal para otros: “El debate no es si hay que legalizar el cannabis, sino cuándo y cómo. Y tras ver las experiencias en algunos estados de EE.UU., Uruguay y Canadá, creo que a España le conviene mucho ser el primer país europeo en legalizar la marihuana, ser un referente para Europa”. Pablo Iglesias respondió en exclusiva para Nekwo a las siguientes cuestiones:

 

¿Qué importancia tiene el factor humano y el factor económico en la regulación del cannabis que propone Podemos?

Ambos factores son fundamentales y están vinculados. Por un lado, un objetivo primordial de la regulación integral es la protección de los derechos fundamentales, como el de libre asociación, que se ve muchas veces comprometido con las políticas prohibicionistas, al igual que otros derechos como el derecho a la salud y a la libertad individual. Partimos de la hipótesis de que es imposible tener una sociedad libre de drogas y asumimos esa realidad para enfrentarla con responsabilidad y de manera democrática. Las políticas prohibicionistas del último siglo han sido un fracaso en todos los objetivos que supuestamente perseguían: reducción del narcotráfico, reducción del consumo, protección de la salud pública, etc.; y pretenden solucionar con el código penal y la cárcel lo que es una cuestión social y por tanto política. Esto no deja de ser un fracaso como sociedad y hemos de asumirlo y cambiar el paradigma de las políticas públicas respecto a las drogas.

En el caso del cannabis terapéutico hablar de regulación es indiscutiblemente hablar de derechos humanos. Existe evidencia científica de que el cannabis tiene efectos paliativos en patologías como los espasmos derivados de la esclerosis múltiple, el dolor crónico o los efectos secundarios derivados de tratamientos con quimioterápicos, y es positivo para la estimulación del apetito. Habiendo evidencia científica en este aspecto, para nosotros el debate se ha terminado y la regulación se convierte en una necesidad. Especialmente si tenemos en cuenta que en España hay más de 100.000 pacientes que con un tratamiento de estas características mejorarían ostensiblemente sus condiciones de vida y a día de hoy no tienen acceso a ellos en condiciones de seguridad debido al prohibicionismo hipócrita del PP, que mientras ha negado sistemáticamente esta regulación, en 2016 le concedió una licencia de producción y exportación a la empresa Alcaliber, que ostenta ya el monopolio de los derivados del opio en España y que es propiedad del amigo de Aznar y del PP Juan Abelló.

Por otro lado, el factor económico es también fundamental, porque otro de los objetivos centrales que perseguimos con la regulación integral es que los beneficios que pueda generar la industria del cannabis en España sirvan para sostener los servicios públicos y potenciar la economía social, el cooperativismo y el mundo rural, especialmente para las pequeñas y medianas explotaciones agrícolas. Queremos evitar algo que desgraciadamente es “marca España” y es que al final esto se regule para engordar los bolsillos de un puñado de multinacionales, que además están en peores condiciones que el sector público para garantizar estándares de calidad y una trazabilidad del producto.

La regulación integral es una oportunidad económica de primer orden para España, que por sus características climáticas posee una ventaja evidente sobre otros países europeos en la posibilidad de desarrollar una industria asociada al cultivo de cannabis. Nosotros queremos aprovechar esa oportunidad y lograr que nuestro país se convierta en un referente en regulación del cannabis. Porque, a la luz de las experiencias de otros países, en la fase en la que nos encontramos el debate no es ya tanto si debemos regular o no, sino quién lo hará primero.

Además, la regulación tiene un gran potencial también para la generación de empleo, como vemos en EE.UU., donde las estimaciones hablan de entre 165.000 y 230.000 empleos creados en todo el país. En este sentido, debemos ser capaces de regular garantizando condiciones laborales dignas y en igualdad para hombres y mujeres, y esta es otra buena razón para caminar hacia una regulación integral que no deje la actividad en manos de multinacionales y que apueste por construir un sector público.


¿De qué forma la propuesta de regulación protege a los menores y a la sociedad?

Como vemos también en EE.UU., en concreto en el estado de Colorado, desde que se ha regulado el cannabis de forma integral (2014) el consumo entre adolescentes ha descendido drásticamente. La última encuesta nacional en EE.UU. dice que en 2013 alrededor del 12% de los adolescentes del estado de Colorado compraban y consumían cannabis, mientras que hoy en día esa cifra se ha reducido al 9%. El dato muestra una tendencia clara. Los motivos son varios, pero hay dos muy claros. En primer lugar, la regulación ha permitido que sea el Estado el que sustituya a las redes de tráfico ilegal de marihuana. La compra-venta está ahora fuertemente regularizada y los dispensarios que están ya en el circuito legal no se arriesgan a perder su licencia vendiendo a menores. Se trata de reducir al máximo los atajos legales como ya sucede con el alcohol o el tabaco, sustancias en las que el tráfico ilegal es residual. Y en segundo lugar, también influye el hecho de que al regular se acaba con ese “encanto de lo prohibido” que en los adolescentes opera con tanta fuerza.

En el caso de los adultos, el control público del cannabis, exactamente igual que ocurre con cualquier otra sustancia o alimento, garantiza al consumidor que el producto que va a comprar no está adulterado y es de buena calidad. Además de que estará mucho más y mejor informado de cuáles son sus posibles efectos y los riesgos asociados al consumo.

Es muy importante también que la regulación vaya acompañada de programas ambiciosos de prevención del consumo basados en la información, así como que los impuestos que se recauden vayan destinados a la educación y la sanidad públicas y al tratamiento de las adicciones. No se trata de fomentar el consumo, sino todo lo contrario: se trata de evitarlo en el caso de los menores y de garantizar las mayores condiciones de seguridad, calidad e información para los adultos.


¿Por qué ahora y no con la ley 25? ¿Qué ha cambiado?

Siempre hemos defendido la necesidad de una regulación integral del cannabis, llevamos esta propuesta en nuestro programa electoral desde las primeras elecciones a las que nos presentamos. La Ley 25 fue una ley pensada para atajar una situación de emergencia social que vivía –y que sigue viviendo– nuestro país, con medidas más centradas en vivienda, energía y algunos aspectos de la política sanitaria, en la que probablemente la propuesta de regulación integral del cannabis no habría tenido buen encaje. Además, en ocasiones es más útil para abrir ciertos debates no incluir las iniciativas legislativas que se desarrollan al respecto en paquetes legislativos tan amplios, en los cuales a menudo hay otras medidas que pueden hacer que esos debates queden invisibilizados.

También tengo que decir que para llegar a madurar la propuesta de regulación integral que hoy estamos poniendo sobre la mesa ha sido necesario un extenso trabajo de seguimiento de los distintos modelos de regulación que ya existen en otros países, para aprender de sus aciertos y de sus errores; así como toda una labor de contacto con expertos y expertas, miembros de la comunidad científica y colectivos de la sociedad civil que llevan años trabajando sobre este tema y cuyas aportaciones han sido clave a la hora de elaborar una propuesta sólida. Aquí quiero poner en valor el trabajo de mis compañeros Miguel Vila y Mae de la Concha, que se han dejado la piel durante muchos meses para que hoy estemos proponiendo una iniciativa con esta consistencia.

Con todo, creo que ahora estamos en un buen momento para impulsar la regulación. Hemos sacado al PP del gobierno, y con ello nos hemos librado también en gran medida del bloqueo legislativo en el que nos encontrábamos a causa de los continuos vetos del ejecutivo de Rajoy. Ahora podemos aprovechar el momento político para poner de verdad en agenda esta iniciativa, que quizá hace uno o dos años habría caído en saco roto. Nos hemos propuesto conseguir que llegue al Pleno del Congreso antes de que se acabe el actual periodo de sesiones.

A veces en política las cosas tardan más tiempo de lo que a uno le gustaría, pero creo el esfuerzo y la paciencia han merecido la pena porque hoy estamos presentando una iniciativa trabajada, sólida, apoyada en el conocimiento de multitud de expertos y colectivos de la sociedad civil y que tiene todos los elementos para convertir a nuestro país en un referente mundial en regulación del cannabis.


¿Hay pactos con otras fuerzas para impulsar la regulación? ¿Quiénes son los socios prioritarios?

A día de hoy todavía no podemos hablar como tal de pactos con otras fuerzas. Lo que sí sucedió recientemente en la Comisión Mixta del Senado, el 9 de octubre, es que las fuerzas políticas que estábamos allí representadas y que apoyamos la moción de censura a Rajoy, a excepción del Partido Socialista, votamos a favor de una iniciativa de ERC que pedía regular el cannabis, similar a la que nosotros estamos impulsando. Es decir, que en esa votación se visualizó el embrión de una posible alianza capaz de convertir en realidad esta regulación. Pero falta que se sume el PSOE. Hasta el momento, cuando ha habido que votar iniciativas en esta línea, el PSOE no las ha apoyado. Pero estamos convencidos de que la propuesta que estamos haciendo está bien trabajada y puede ser muy beneficiosa para nuestro país, y aspiramos a convencer al PSOE de que la apoye.

Dicho esto, tampoco renunciamos a obtener el apoyo de otros grupos que a priori son políticamente menos afines a nuestro espacio. En el debate sobre la regulación del cannabis, como decía más arriba, también hay un elemento clave de defensa de la libertad individual, y no dejaría de ser paradójico que partidos a los que les encanta autoidentificarse con la etiqueta de “liberales” no estuvieran de acuerdo con que adultos informados, de la misma manera que pueden ir a un supermercado y comprarse dos botellas de tequila o pueden ir al estanco a comprar cigarrillos, puedan consumir cannabis sin ser estigmatizados ni perseguidos por ello. Por lo tanto, creemos que es una propuesta lo suficientemente transversal como para que sea capaz de suscitar apoyos muy amplios no solo en el conjunto de la sociedad, también entre las distintas fuerzas políticas.

3 comentarios
  1. Juan Manuel Ahujetas Perez
    Juan Manuel Ahujetas Perez Dice:

    Hola a tod@s, soy cannabicultor desde hace 18 años, y consumidor de cannabis desde hace 23 años, soy responsable y no fumo hasta que salgo de mi trabajo, a diferencia de muchos que beben alcohol mientras comen,como si fuera normal, para luego regresar a su puesto de trabajo. Lo que quiero decir a los políticos que están encontra, es que dejen de mirar para su propio interés y piensen en que esto es el futuro porque hay personas que quieren consumir cannabis sin ser multados o recurrir al mercado negro como si fuéramos delincuentes. Legalizarlo por favor!! que quiero montar mi propia empresa familiar de cannabis, y meter en plantilla a mis familiares que están en el paro por desgracia, que esto puede mover muchos sectores. Dejar de vivir en la ignorancia y ser más tolerantes!! yo lo soy con el alcohol que hay que aguantar a much@s borrach@s, y parece normal. Legalización ya.

    Responder
    • Gabi Incertis
      Gabi Incertis Dice:

      Totalmente de acuerdo. En España aun nos falta una parte importante de camino a recorrer, que es desligar al cannabis de esa imagen falaz de producto asociado a la ociosidad, la vagancia o, peor aun, al abuso y a la delincuencia. Que sea su consumo ilegal es un sinsentido, sobre todo cuando sabemos que esto no reduce o limita el consumo, pero sí que pone en riesgo al consumidor, no solo por la falta de controles de calidad y de información, sino por el contacto con redes de delincuencia organizada. Lo que exigimos los consumidores es una regulación cabal, muchísimo más cabal y bien hecha que la del alcohol, que es un verdadero problema.

      Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *