En Colombia florecen decenas de empresas de cannabis medicinal

Con más de un centenar de licencias concedidas, el sector del cannabis medicinal crece en Colombia, impulsado también por inversiones extranjeras

 

Realmente no hay que ser un gran estratega de la economía para entender el torrente de beneficios que la regulación del cannabis medicinal puede reportar a un país, sobre todo si tiene la suerte de tener un clima adecuado para su cultivo. Pero no solo se trata de las arcas públicas, sino de la generación de empleo y, no menos importante, del desarrollo de la ciencia y de la medicina. No, aun estamos muy lejos de estar refiriéndonos a España: hablamos de Colombia, cuarto país sudamericano en dar el tan valiente como lógico paso hacia la regulación del cannabis medicinal.
Tras más de dos años de regulación, el balance de la implementación de la medida regulatoria no podía ser más positivo. Gloria Crispín, subdirectora de Control y Fiscalización de Sustancias Químicas y Estupefacientes del Ministerio de Justicia, lo expresa de esta forma: “Hace poco se cumplieron dos años de la Ley 1787, la reglamentación duró un poco más de un año y hoy ya podemos decir que tenemos no solo un sistema normativo completo, sino también un total de 150 licencias emitidas entre los dos ministerios”, refiriéndose tanto al Ministerio de Justicia como de Salud.

En el sistema colombiano, para poder participar del negocio del cannabis, una empresa ha de contar con al menos una de las seis licencias diferentes que se expiden entre ambos ministerios.

Según Bibiana Rojas, gerente general de Spectrum Cannabis Colombia, “el proceso aquí se planteó a la inversa, así que empieza con el Ministerio de Salud, que pregunta qué es lo que se va a vender y a quién. Luego, con el Ministerio de Justicia se resuelve qué necesita para hacerlo, cuántas plantas requiere y quién se las va a vender o cómo las va a producir”.

Hasta la fecha, el Ministerio de Justicia ha expedido licencias a 70 empresas, que avalan ya sea el uso de semillas, el cultivo de cannabis psicoactivo o el cultivo de cannabis no psicoactivo.

Por su parte, el Ministerio de Salud ha expedido licencias a 41 empresas, avalando la comercialización de productos a nivel nacional, la investigación científica o la exportación.

Al respecto de esto último, las inversiones extranjeras no se han hecho esperar y empresas canadienses como Aphria, Avicanna y Canopy Growth ya están operando en Colombia.

Pero incluso las empresas locales comienzan a cotizar en bolsas extranjeras, como Khiron, la primera empresa cannábica colombiana en entrar en la bolsa de valores de Toronto, Canadá.

 

Recuperación de zonas de conflicto, gracias a la regulación de empresas de cannabis medicinal

Al comienzo enumerábamos algunos de los beneficios que la regulación del cannabis medicinal reportan para un país. Pero en casos como el de Colombia la cosa va más allá. La regulación del cannabis medicinal en el país sudamericano está empezando a rescatar antiguas zonas de guerra narco, como la región de Corinto, donde entre otras razones, los conflictos se desataban por el control de cultivos ilegales, una de las fuentes de financiación de los distintos grupos armados que se asentaban en la región.

 

Con la regulación, muchos productores de cannabis ilegal han tenido la oportunidad de legalizar sus cultivos a través de empresas que han llegado a acuerdos con los productores locales, que debían solicitar el amparo de las denominadas Zonas más Afectadas por el Conflicto Armado (Zomac), para cumplir de esta forma con uno de los requisitos de la regulación: que al menos el 10% del cannabis producido provenga de pequeños cultivadores.

 

España, solo un espectador

 

Mientras en España, un país con un clima igualmente excelente para el cultivo de grandes extensiones de cannabis y con una cultura y ciencia del cultivo muy desarrolladas, seguimos sin tener un marco de regulación del cannabis. No solo se nos escapan las inversiones, sino que estamos perdiendo toda posibilidad de tener un lugar prominente en el mercado. Hasta la fecha solo cinco entidades tienen licencia para el cultivo de marihuana, con múltiples restricciones y concedidas en base a criterios muy peregrinos. Nuestro papel parece limitarse al de sentarnos y observar cómo cambian las cosas a nuestro alrededor. Conforme nos vamos quedando atrás, más evidente se hace la miopía de los responsables políticos que insisten en mirar para otro lado ante la realidad del cannabis.

 

Fuente: La República

 

 

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