CBD, el cannabinoide que puede legalizar el cáñamo

El CBD, el cannabinoide no psicoactivo de la marihuana también presente en el cáñamo, podría ser la puerta para legalizar el cáñamo industrial en EEUU.

Recientemente os hablábamos del proyecto de ley que el senador por Kentucky Mitch McConnell  pretende introducir en el senado de EEUU, con el fin de sacar al cáñamo de la lista de sustancias controladas, para que sea legal a nivel federal, estableciendo una distinción clara con la marihuana.

Por supuesto que la ola de legalización progresiva de la marihuana y del cáñamo que vive actualmente EEUU no es consecuencia únicamente de conquistas sociales, sino además de intereses económicos. La reducción de demanda del tabaco está afectando a la economía de Kentucky, tradicional cultivador de esta planta, por lo que se hace necesario encontrar un cultivo alternativo, resultando el cáñamo una opción ideal. Pero no se trata solo de la enorme cantidad de productos petroquímicos industriales o de uso personal que el cáñamo puede sustituir, sino del enorme valor potencial que el aceite del cannabinoide CBD posee para la economía.

Este oro líquido que se puede obtener tanto de la marihuana como del cáñamo, podría alcanzar para 2020 los 2,1 mil millones de dólares en ventas de productos consumibles según The Hemp Business Journal, lo que representa un aumento del 700% desde 2016. Casi una cuarta parte de esa producción provendría del cáñamo.

El CBD es una sustancia legal en la mayoría de estados de EEUU, así como en España, pero en el caso de nuestro país la regulación es todavía poco clara, aunque ya se pueden encontrar productos con CBD. Aun así, existe todavía mucha falta de información acerca de qué es y lo que hace. Muestra de ello es la anécdota que ocurrió a principios de año en Tennessee, que demostró la ridícula ignorancia que las autoridades a tres niveles, local, estatal y federal, poseen ya no solo con respecto a este cannabinoide, sino con respecto a las leyes que se supone que defienden:

El febrero, un grupo conjunto de fuerzas de seguridad locales, estatales y federales llevaron a cabo la “Operación Candy Crush”, que consistió en una redada a 23 comercios minoristas en el condado de Rutherford, cerca de Nashville, interponiendo 21 acusaciones por vender comestibles con CBD infusionado. Esta acción se llevó a cabo tras la llamada que recibió el sheriff de Rutherford de un padre preocupado, que había descubierto comestibles con CBD en posesión de su hijo. Las tiendas fueron clausurasas y los productos confiscados, pero para vergüenza de los responsables de la operación (y para sorpresa del padre preocupado), los productos con CBD infusionado son legales en Tennessee desde 2017 mientras no contengan más de un 0,03% de THC, por lo que, al día siguiente de la operación, un juez tuvo que ordenar la devolución de los productos confiscados, y permitir que las tiendas abriesen y continuasen vendiéndolos.

 ¿Qué clase de descoordinación e ignorancia institucional pueden poner en acción a tres diferentes agencias de fuerzas del orden para llevar a cabo una operación contra un producto absolutamente legal?

El CBD, al contrario que el THC, no es una sustancia psicoactiva y, lejos de ser peligroso, posee propiedades terapéuticas reconocidas por la ciencia. Los agentes de Tennessee y los padres preocupados deberían informarse mejor acerca de lo que el CBD hace y no hace. Por ejemplo, no te coloca. Es más, el CBD suaviza o suprime en cierta medida los efectos del THC. Por si fuera poco, un estudio pre-clínico del Scripps Research Institute, según Science Daily, sugiere que el CBD podría combatir las adicciones.

El estudio, realizado en ratas, ha demostrado que este cannabinoide pódría ser útil para reducir el riesgo de recaída entre los drogadictos y alcohólicos en recuperación. Los investigadores aplicaron un gel de CBD una vez al día a ratas que mostraban un comportamiento de adicción a la cocaína y el alcohol, y que tenían la capacidad de autoadministrarse estas sustancias. Se las sometió a situaciones estresantes para ver si recaían. Según el estudio, “los investigadores reportaron que el CBD redujo efectivamente la recaída provocada por el estrés y la exposición a las drogas; el CBD también redujo la ansiedad y la impulsividad en las ratas adictas”.

A pesar de que 72 horas después de la aplicación no quedaba ni rastro de CBD en el cerebro ni en el plasma de las ratas, los investigadores constataron que cinco meses después estas mismas ratas “todavía mostraban una reducción en la recaída inducida por el estrés o la exposición a drogas”. Aunque el estudio se limita al alcohol y la cocaína, el CDB se perfila también como una herramienta prometedora para tratar la adicción a los opiáceos.

De hecho, la consideración del cannabis como “droga de salida” para combatir adicciones graves no es una idea nueva, y se basa en abundante evidencia científica. Centros de rehabilitación para drogadictos y alcohólicos como High Sobriety utilizan el cannabis en tratamientos contra la adicción a drogas muy peligrosas como las metanfetaminas, la heroína o la cocaína, conocidas por tener dosis mortales, sustituyéndolas por una sustancia de la que no se conoce dosis mortal.

 

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