El alivio del dolor, principal uso del cannabis medicinal

Un nuevo estudio publicado de Health Affairs revela que la razón principal por la que se consume marihuana con fines medicinales, es la del alivio del dolor crónico.

Con datos de pacientes con licencia de más de 20 estados, el estudio parece confirmar que los usos principales de la marihuana con fines medicinales están apoyados por la evidencia científica.

 

“Hicimos este estudio porque queríamos entender las razones por las que la gente usa cannabis con fines médicos y si esas razones se basan en la evidencia”, afirma Kevin Boehnke, autor principal del estudio e investigador del departamento de anestesiología y del Centro de Investigación del Dolor Crónico y la Fatiga.

 

Alivio del dolor basado en la evidencia

“Este hallazgo concuerda con la prevalencia del dolor crónico, que afecta a unos 100 millones de estadounidenses”, señaló Boehnke.

Otro de los usos del cannabis basado en la evidencia científica es el del alivio de las náuseas y vómitos producidos por tratamientos de quimioterapia.

A pesar de que 33 estados aprueban el uso medicinal del cannabis (y 10 el recreativo), a nivel federal sigue siendo una sustancia prohibida. Los efectos psicoactivos y adictivos del THC, el principal cannabinoide de la marihuana, aunque menos peligrosos que los del alcohol, son la razón por la cual el cannabis sigue siendo anatemizado en casi todo el mundo.

Sin embargo, parece ser que es en este cannabinoide donde residen las principales propiedades analgésicas del THC, capaz de combatir el dolor a nivel central y neuropático, siendo efectivo allá donde analgésicos tradicionales resultan inútiles.

Por su parte, el CBD, otro de los principales cannabinoides de la marihuana, sin efectos psicoactivos pero con múltiples aplicaciones terapéuticas, también parece tener propiedades analgésicas, pero más bien asociadas a su capacidad antiinflamatoria y de potenciamiento de los receptores de la glicina, ayudando a la supresión de los dolores neuropáticos e inflamatorios.

A pesar de que ambos cannabinoides pueden potencialmente ser efectivos contra el dolor, comienza a menudear la evidencia que apunta hacia el efecto Entourage, es decir, hacia la sinergia que se produce cuando se consumen combinaciones de estos dos cannabinoides.

Precisamente porque el CBD no produce efectos intoxicantes ni adictivos, su incursión en el mercado legal y su tremenda popularización están haciendo de este cannabinoide una opción principal para el auto tratamiento del dolor, principalmente dolores musculares.

Pero los profesionales de la salud advierten que el CBD no debería ser considerado por defecto como una primera opción para el tratamiento de dolores crónicos.

“El CBD es increíblemente accesible, ya que está disponible en línea a través de una gran variedad de proveedores. Sin embargo, el control de calidad para la seguridad (por ejemplo, si hay disolventes residuales, pesticidas, etc.) y la potencia es ampliamente variable”, señala Boehnke. “Eso puede cambiar a medida que se realizan más ensayos clínicos, pero en este momento no entendemos qué cannabinoides y vías de administración son mejores para qué tipos de dolor”.

 

 

¿Sobredosis de CBD?

Con la popularización del CBD y la perspectiva de que eventualmente se regule su consumo, surgen cuestiones inevitables que giran en torno a su seguridad como: ¿Sobredosis de CBD? ¿Qué nos ocurriría si consumiésemos una sobredosis de este cannabinoide?

 

El CBD o cannabidiol es uno de los cannabinoides más frecuentes que se encuentran en el cannabis. No es tóxico y no tiene efectos secundarios relevantes. Si bien el CBD no es psicotrópico (por lo que no esperes poder colocarte consumiéndolo), tiene una amplia gama de aplicaciones, entre las que destacan las terapéuticas.

Tras los cambios que están teniendo lugar en el mundo del cannabis en los últimos tiempos es muy probable que, en los próximos años, veamos cómo medicamentos y productos de consumo con CBD van poblando poco a poco nuestros botiquines y despensas.

Aunque en Europa todavía no hay una regulación clara que permita el CBD en productos de consumo humano, 2019 será sin duda el año del CBD, al menos en EE.UU., tras la reciente firma de la Ley del Cáñamo a finales del año que recién terminamos. Esta medida pone fin a casi un siglo de prohibición de la agricultura del cáñamo, lo que permitirá desarrollar la investigación sobre el CBD y sus efectos a largo plazo.

Precisamente debido al retraso científico que más de 80 años de prohibición impusieron a la investigación del cannabis, aun no existe certeza científica acerca de los efectos que el consumo continuado de CBD pudiese provocar a largo plazo.

¿Se puede tomar demasiado y tener sobredosis de CBD?

Su inocuidad en el consumo moderado y ocasional no son indicativo de seguridad absoluta, pero según un estudio publicado en 2011 en la revista Current Drug Safety, se necesitaría consumir una dosis de 20 mil miligramos de aceite de CBD en un tiempo muy breve para sentir efectos tóxicos. El estudio afirma que hay reportes de que “el uso crónico y dosis altas de hasta 1,500 mg/día son bien toleradas en humanos”, además de que, basándose en los recientes avances en la administración de cannabinoides en humanos, “el CBD controlado puede ser seguro en humanos y animales”. No obstante “se necesitan estudios adicionales para aclarar los efectos secundarios reportados in vitro e in vivo.”

Mientras la ciencia dilucida los detalles sobre el consumo a largo plazo de CBD, a pesar de su seguridad, conviene informarse bien y respetar las dosis. También hay que tener en cuenta si tienes niños en casa, que quizá las gominolas y dulces de CBD no sean el formato más adecuado para consumir este cannabinoide, además de que puedes, sin querer, tomar más de lo que necesitas. El CBD también se puede consumir mediante gotas, aerosoles, aplicadores, vaporizadores, píldoras, etc.

Para controlar mejor su consumo, prácticamente todos los fabricantes recomiendan comenzar por una dosis pequeña, como la que ofrecen las píldoras o cápsulas blandas de gelatina, que tienen la ventaja de ofrecer una dosis fija de CBD. De esta manera se puede determinar mejor a partir de qué dosis se comienza a percibir los efectos deseados, que pueden ser desde el alivio de una migraña a la desaparición de un episodio de ansiedad.

Una vez se adquiera cierta experiencia sobre dosis y efectos, se pueden probar otras vías de administración que se ajusten mejor a las necesidades del consumidor.

En resumen, es poco probable que alguien pueda tomar suficiente o una sobredosis de CBD como para poner en riesgo su salud, sobre todo accidentalmente. Como mucho, una dosis demasiado alta, en términos moderados, puede producir ansiedad o confusión. Otros reportan somnolencia e incluso algunos estudios relacionan el consumo excesivo de CBD con diarreas, alteraciones del apetito y fatiga. También hay que tener en cuenta que existen reportes de interacciones entre el CBD y algunos medicamentos, por lo que conviene consultar con un médico en caso de que se esté tomando un tratamiento.

 

Fuente: Bustle.com

Tailandia legaliza el cannabis medicinal

Ya sabemos cual es el primer país del sudeste asiático en legalizar el cannabis, Tailandia legaliza el cannabis medicinal. El consumo recreativo de cannabis continuará siendo ilegal, como viene siendo desde que, en los años 30, se ilegalizara. Hasta entonces el cannabis también formaba parte de la medicina tradicional tailandesa.

 

Varias décadas después, incluso un país donde podías pasar hasta diez años en prisión por la posesión de pequeñas cantidades de marihuana, ha pasado a ser a uno en el que los consumidores podrán portar cantidades específicas con fines medicinales si poseen una receta médica o un certificado, es decir, Tailandia legaliza el cananbis medicinal. El avance es considerable, dado que el sudeste asiático sigue siendo una de las regiones del mundo donde las leyes contra el cannabis son más duras.

Por ejemplo, recientemente un ciudadano británico, Pip Holmes, que fue detenido en Bali, Indonesia, por poseer aceite de cannabis que usaba para tratar su artritis, se enfrenta a una pena de 15 años de prisión. Todo por 31g de aceite de THC, incluyendo el peso de las botellitas (28g). En Indonesia hay vigentes penas de muerte por delitos de narcotráfico, al igual que ocurre en otros países de la región.

Hasta hace poco, en uno de esos países, Malasia, a Muhammad Lukman, un joven musulmán, le condenaron a morir en la horca en agosto de este año por vender aceite de cannabis a enfermos de cáncer, pero gracias a la presión internacional y a un gobierno más progresista, no solo se anuló la sentencia, sino que provocó la abolición de la pena de muerte en general en el país. Es un caso revolucionario de cómo el cannabis puede influir en la modificación profunda de las penas que un país impone, y una muestra espectacular de los cambios que la revisión de las políticas del cannabis están provocando en el mundo.

Es más, este caso también ha provocado que Malasia esté más abierto a revisar su política de drogas, particularmente en lo que concierne al uso medicinal del cannabis, algo que también podría lograr impulso tras la reciente aprobación del cannabis medicinal en Nueva Zelanda y en Tailandia.

 

 

Regalo de Año Nuevo

Junto a la legalización del cannabis medicinal, Tailandia ha legalizado también el kratom, una planta autóctona con propiedades estimulantes y analgésicas usada en la medicina tradicional. El pasado martes la nueva ley fue aprobada con unos aplastantes 166 votos a favor y 13 abstenciones.

“Este es un regalo de Año Nuevo de la Asamblea Legislativa Nacional al gobierno y al pueblo tailandés”, dijo el presidente del comité de redacción Somchai Sawangkarn, en una sesión parlamentaria.

Por supuesto, algunos perciben en este paso un avance hacia la despenalización del consumo recreativo de cannabis. “Este es el primer pequeño paso adelante”, afirma Chokwan Chopaka, activista de Highland Network, un grupo que lucha por la legalización del cannabis en el país.

 

 

Si Tailandia legaliza el cannabis medicinal, ¿por qué no España?

Que un país como Tailandia tome la delantera en este terreno a países como España resulta sorprendente. No queremos hacer una lectura lastimera, sino ayudar a abrir los ojos de nuestras autoridades, o exponer el ridículo al que nos van relegando cualesquiera que sean los intereses que hay detrás del inmovilismo en materia de regulación del cannabis medicinal. Solo en nuestro país hay decenas de miles de usuarios de cannabis medicinal que se ven abocados al uso de productos sin ningún tipo de regulación o directamente al mercado negro, tal y como denuncia el Observatorio Español del Cannabis Medicinal.

Cada día que pasa sin poner solución a esta cuestión, más nos arrinconamos en un lugar opuesto al futuro. No tiene mucho sentido que denunciemos la falta de libertades civiles o de igualdad de derechos en otros países, mientras permitimos que 120 mil españoles vivan en una inseguridad sanitaria y jurídica pasmosa, impropia de un país moderno del siglo XXI.

 

 

 

 

 

 

 

Cannabis medicinal: pereza institucional ante la urgencia

En su último comunicado de prensa, el Observatorio Español de Cannabis Medicinal (OECM) denuncia la pereza institucional para avanzar en la regulación del uso del cannabis con fines terapéuticos.

Mientras que muchos países ya han dado pasos significativos en este sentido, a las autoridades españolas no parece bastarle la vasta literatura científica en la que se han apoyado países como Canadá o Israel para implementar programas de dispensación de cannabis medicinal controlados por el gobierno, con un producto “trazado, analizado y dispensado bajo supervisión médica”, dice el comunicado.

“¿Por qué no sirve la evidencia obtenida en otros países?, ¿Somos más listos que nadie en España?”, se pregunta la presidenta del OECM, Carola Pérez.

Gracias a la experiencia de las regiones donde el cannabis medicinal lleva años regulado con éxito, se ha podido constatar “una reducción significativa de media en el uso de opioides y otras medicaciones, y el descenso de consultas médicas, así como el número de pruebas médicas, lo que supone tanto un ahorro para el Sistema de Salud Sanitario, y lo más importante: para el paciente. Porque ya no se trata sólo de dinero, sino de calidad de vida y bienestar”.

Según estimaciones del OECM, alrededor de 120 mil personas consumen cannabis con fines terapéuticos en nuestro país “sin ningún tipo de control, sin supervisión médica, y bajo la situación de inseguridad jurídica y sanitaria” en la que actualmente se encuentran los pacientes, que no solo se arriesgan a ser multados con más de 600 euros por portar su medicina, sino a que esta les sea decomisada. Además, estas personas deben enfrentar continuamente el estrés y el estigma de tener que vivir en una situación de ilegalidad.

 

Análisis de aceites de CBD: por qué es urgente una regulación

El comunicado también se hace eco de un reciente estudio realizado por el propio OECM sobre 15 las marcas más representativas en España de aceites comerciales de cannabis enriquecidos en cannabidiol (CBD), del que concluye la urgencia de establecer una regulación de los productos medicinales de cannabis, para proteger a los pacientes que buscan en ellos sus propiedades terapéuticas.

En algunas de estas marcas la concentración de cannabinoides no se corresponde con la que se reseña en el etiquetado, además de que en sus webs “prometen propiedades que aún no han sido demostrados por la ciencia”. No obstante, sigue el comunicado, “retirar aceites de las tiendas, perseguir a los cultivadores, growshops y tiendas de CBD y políticas represivas no es la solución, además de que generan una situación de confusión tremenda.”

El OECM también denuncia que, “mientras en la TV se han podido ver anuncios en horario de máxima audiencia de cremas ricas en cannabinoides (CBD), sin conocer además su composición, vemos como otros agentes son perseguidos”. Dada la falta de regulación del cannabis medicinal, muchos fabricantes de productos de CBD se acogen al hecho de que este cannabinoide se puede usar en productos cosméticos, aunque en realidad la mayoría de usuarios de estos productos lo que persiguen son los beneficios terapéuticos (anti-inflamatorio, analgésico…) lo cual, según el OECM, “es una absoluta contradicción”. Y añade: “Se nos dice que se banaliza al cannabis cuando hablamos de fines medicinales, ¿pero en cambio, si se permite que se anuncie por TV?”.

 

No habrá regulación del cannabis medicinal en esta legislatura

Por último, el comunicado denuncia el bloqueo que el PSOE está ejerciendo a cualquier avance en materia de regulación medicinal del cannabis, contradiciendo sus políticas con respecto a la planta en los últimos años. También expone la lamentable falta de información y los sesgos que la Ministra de Sanidad María Luisa Carcedo demuestra con respecto al cannabis y sus usos. Carcedo asegura no solo que el cannabis “no es ningún medicamento”, sino que no existe evidencia científica sobre sus propiedades terapéuticas, por lo cual no se regulará en esta legislatura. Por si esto fuera poco, la ministra remata sus declaraciones sentenciando que el cannabis “no se regula debido al incremento del uso de tabaco”.

Ante tal dislate, el comunicado del OECM apunta: “Señora Ministra: desde el OECM queremos explicarle, ya que nos niega una reunión presencial (tras varias peticiones e intentos) que el cannabis con fines medicinales no ha de fumarse en ningún caso: se inhala con vaporizadores reglamentados previamente por UE; se utilizan extractos, cápsulas y cremas… y por otro lado, que repunte el uso de tabaco no tiene nada que ver con negarle el alivio, calidad de vida y bienestar a miles de personas, que están sufriendo, que padecen dolor, y que ya están utilizando cannabis”.

 

El comunicado concluye con una petición al Gobierno de Pedro Sánchez y al Ministerio de Sanidad, para que abandonen las actuales políticas con respecto al cannabis y dejen de comportarse de manera tan “cruel con miles de pacientes, abandonándoles a su suerte, al mercado negro, al autocultivo o a depender de Clubes Sociales de Cannabis que no sabremos si mañana seguirán o no abiertos” y que de una vez contemplen “la evidencia científica que soporta lo que decenas de países ya están realizando y, por otro lado, y no menos importante: el alivio a miles de pacientes”.

El cannabis medicinal en Europa es una asignatura pendiente

Mientras en América la inercia de la legalización del cannabis comienza a hacerse notar con el creciente número de estados en EE.UU. abrazando la legitimidad del consumo recreativo, el golpe de efecto de Canadá al poner en marcha una regulación integral del cannabis, la experiencia de varios años de Uruguay, pionero en estas lides en el mundo, o el proyecto mexicano para subirse próximamente al carro de la legalización, la situación del cannabis medicinal en Europa, más antigua y comedida, las cosas de palacio van despacio.

Pero parece que, de alguna forma u otra, van. Es indudable que el debate crece, así como la aceptación social. Y las grandes compañías de cannabis planean como buitres sobre el viejo continente conscientes del enorme potencial del mercado que está todavía por abrirse. Ya lo decía en octubre Pablo Iglesias: la cuestión no es si se va a regular el cannabis, sino cuándo y cómo. De eso no nos cabe ninguna duda.

No hay más que ver la decisión firme del gobierno entrante de Luxemburgo de legalizar el consumo recreativo de cannabis, lo cual quizá funcione como una forma de romper el hielo. Habrá que ver quién le sigue, pero está claro que en Europa hay todavía una sensación de temor frente al cannabis, como si sacarlo de donde está fuese a desatar todos los males, y eso a pesar de que el cannabis es ya omnipresente, y prácticamente los peores males que se le puedan atribuir se derivan de su actual clasificación.

 

El cannabis medicinal en Europa:

Para que las cosas se normalicen (porque, no nos engañemos, la prohibición del cannabis es la anormalidad que se nos ha querido vender como lo contrario), parece que aquí necesitamos aun convencernos de que el cannabis tiene propiedades terapéuticas que en otros lugares del mundo ya no se discuten. El camino a la legalización total parece que ha de pasar por la legalización o la regulación del cannabis como medicina, y en este sentido ya vemos algunos pequeños pasos en la dirección correcta, aunque todavía muy insuficientes.

El mes pasado el Reino Unido comenzó a extender las primeras recetas de cannabis medicinal, pero con estrictas restricciones: solo se expedirán por médicos especialistas y únicamente en el caso de que los demás tratamientos hayan fallado (lo cual es una forma muy miope de abordar el potencial terapéutico del cannabis, considerando a priori que cualquier otro tratamiento será mejor solo por ser el habitual).

Además, el cannabis recetado corresponderá únicamente a productos de cannabis vendidos en farmacias y no están cubiertos por el Sistema Nacional de Salud, lo cual deja fuera a pacientes con menos recursos y reduce las opciones de tratamiento.

 

Europa, desunida en el cannabis

El mercado europeo está fragmentado. Cada país tiene un enfoque y una legislación con respecto al cannabis que puede diferir radicalmente de la de sus vecinos. Las regulaciones para los productos son tan dispares que para Thomas Skovlund Schnegelsberg, fundador y director ejecutivo de StenoCare, una compañía danesa de cannabis medicinal, “ahora misma navegar en el mercado europeo es como una jungla”.

La Unión Europea está atada de manos. Primero han de ser las diferentes naciones las que establezcan regulaciones claras del cannabis medicinal, pero el problema es que la mayoría (incluido España) miran para otro lado y escurren el bulto. “Ya tengo suficientes problemas” decía Pedro Sánchez en Canadá en septiembre. Quizá son conscientes de que regular el cannabis medicinal implica abordar, más tarde o más temprano, la cuestión del consumo recreativo. Y eso incomoda. Mucho.

Las asociaciones de consumidores de cannabis medicinal en Europa temen por un lado que los legisladores vayan regulando productos con cuentagotas y, por otro, que limiten el concepto de cannabis medicinal únicamente a medicamentos estándar producidos por empresas farmacéuticas, enterrando la posibilidad de legitimar el autocultivo.

 

El interés de la industria contra los pacientes

La presión de las compañías farmacéuticas para limitar la legalización a sus propios intereses es una sombra oscura que hoy ya se manifiesta en formas como Sativex, un spray bucal a base de Cannabidiol y Dronabinol (un isómero del THC) a entre 400€ y 800€ el tratamiento para un mes. ¿Quién puede permitirse un gasto así?

Jacqueline Poitras, activista del cannabis medicinal en Grecia cuya hija toma aceite de CBD para tratar sus crisis epilépticas afirma que “ninguna compañía farmacéutica va a poder ofrecernos esto”, refiriéndose a alternativas diversas y económicas. “Solo la naturaleza puede ofrecérnoslo”, asegura. Porque si uno mismo puede hacerse sus extractos de THC o CBD, aunque menos refinados y estandarizados que los de una farmacéutica, ¿para qué se iba a gastar medio sueldo en un medicamento?

Una regulación del cannabis medicinal que solo sirva a los intereses de las grandes farmacéuticas y empresas cannábicas, grupos que ya están presionando a los legisladores europeos para colocar sus productos, no implicaría una mejora de la situación para los pacientes. Por un lado, vemos la falta de formación médica profesional generalizada que hay sobre el cannabis, las condiciones extremadamente estrictas para expedir recetas (allí donde se permiten) y la enorme carga económica que los productos farmacéuticos basados en el cannabis puede suponer para un paciente o sus familiares.

El mercado negro y el autocultivo seguirán siendo opciones de preferencia, lo que llevará inevitablemente a tener que revisar las regulaciones, con todo el tedio, el esfuerzo y el gasto que implica no hacer las cosas bien desde el principio.

Schnegelsberg de StenoCare señala que a menudo el mercado negro re-etiqueta sus productos pensados para el consumo recreativo como productos de uso medicinal, aprovechando la falta de regulación o los precios imposibles de los medicamentos legales. El problema es el de siempre: el producto del mercado negro no tiene ningún tipo de control de calidad o salubridad, ni información fiable sobre su composición o indicaciones terapéuticas con sus dosis adecuadas, etc.

“No están hechos para ser utilizados por personas enfermas”, dice Schnegelsberg, sino que “son producidas para gente que quiere colocarse un viernes por la noche”.

Pero eso es lo que seguiremos teniendo mientras en esta jungla esté, por ejemplo, la “Big Pharma” presionando para convertir el CBD en un medicamento de prescripción, algo a lo que se opone tajantemente La Asociación Europea del Cáñamo Industrial, la cual dice al respecto que “esto solo sirve a los intereses de algunas compañías mientras perjudica a la joven industria del CBD”.

Lo que está claro es que Europa debe solucionar cuanto antes el desorden que hay con la cuestión del cannabis entre los miembros de la Unión, elaborando una hoja de ruta que puedan consultar las naciones que decidan regular el cannabis medicinal, atendiendo fundamentalmente a los intereses de los pacientes.

Primer ensayo mundial para tratar tumores cerebrales con THC

Noticias como las de hoy no solo nos muestran el potencial del cannabis que está descubriendo la ciencia para el tratamiento de enfermedades, sino la irresponsabilidad de someterlo a políticas que dificulten la investigación sobre el mismo. Así, uno se pregunta si, sin el prohibicionismo del cannabis que se cernió como un oscuro velo sobre prácticamente todo el mundo durante casi un siglo, podríamos haber avanzado suficientemente en nuestra comprensión de la planta como para salvar muchas vidas y aliviar mucho dolor.

Cuando los investigadores deciden que vale la pena realizar un ensayo en humanos que hasta la fecha se había realizado en laboratorio o en animales, es por una buena razón. Desde que Australia levantara las restricciones a la investigación científica del cannabis en 2017, los investigadores pueden, por fin, realizar ensayos clínicos de larga duración con cannabis, en vez de limitarse al estudio de los efectos secundarios de su consumo.

 

Tratar tumores cerebrales con THC

En este contexto, investigadores del Endeavour College of Natural Health, con el apoyo del profesor Charlie Teo, el internacionalmente renombrado neurocirujano pionero en el empleo de cirugías mínimamente invasivas para la operación de tumores cerebrales, dirigirán un ensayo clínico para determinar si el THC del cannabis puede beneficiar a pacientes con tumores cerebrales malignos.

Según la directora del estudio, la Dra. Janet Schloss, coordinadora de ensayos clínicos en el Endeavour College of Natural Health, “este será el primer ensayo clínico mundial en examinar la tolerabilidad y el efecto tumoral del cannabis medicinal ingerido por vía oral en humanos con cáncer de cualquier tipo”.

“Nuestro equipo de investigación del Endeavour College colaborará con el Profesor Teo para examinar el impacto del cannabis medicinal cuando se utiliza junto con el tratamiento estándar para el cáncer”.

“Además del impacto tumoral, estudiaremos si el cannabis medicinal puede mejorar la calidad de vida, reduciendo síntomas comunes como dolor de cabeza, náuseas y vómitos”.

En concreto, la fase dos del ensayo intentará determinar hasta qué punto el THC es tolerado por pacientes de glioma, un tumor cerebral particularmente agresivo, a menudo resistente a la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia.
“Esta resistencia significa que es vital que los investigadores desarrollen nuevas terapias para tratar esta enfermedad, que es una de las razones por las que el ensayo clínico es importante”, dijo la Dra. Schloss.

El ensayo también pretende determinar también si el THC puede reducir el crecimiento tumoral cuando se combina con tratamientos estándar.

“Estudios recientes han demostrado que los agentes activos del cannabis pueden ralentizar el crecimiento tumoral y creemos que es esencial seguir investigando. Si podemos establecer pautas de dosificación y entender si el cannabis medicinal puede ayudar al tratamiento estándar, esto podría cambiar la vida de los pacientes con glioma y sus familias”, añadió Schloss.

En este ensayo aleatorizado, los participantes complementarán sus tratamientos estándar con la toma diaria, antes de acostarse, de una dosis de aceite de cannabis con una alta concentración THC.

Solo en Australia unas mil personas son diagnosticadas con esta forma devastadora de cáncer cerebral, al que ha sobrevivido menos de un 5% de quienes lo han padecido en los últimos cinco años. La mayoría de pacientes de glioma no sobrevive más de un año desde su detección.

Según expresa la propia web del Endeavour College of Natural Health, al tratarse el cannabis de una planta, hace que la Oficina de Investigación de Endeavour resulte una institución ideal para llevar a cabo este ensayo, dada su trayectoria en la elaboración de investigaciones empíricas sólidas sobre el uso hierbas y plantas.

De esta forma se pretende fortalecer la investigación basada en la evidencia científica sobre el empleo de medicina complementaria y su impacto en la salud del paciente.

La Dra. Schloss confía que los resultados del ensayo permitan alentar un cambio de política que facilite el acceso al cannabis medicinal mediante prescripción médica.

Otros estudios, incluso uno realizado en España, ya sugerían el potencial de tratar tumores cerebrales con THC, pero esta es la primera vez que se ensayará sobre pacientes reales en un estudio a gran escala.

Las 10 propiedades medicinales del cannabis

Que el cannabis es una planta sorprendente, con multitud de propiedades medicinales o terapéuticas, está más allá de toda duda. Muchas de ellas las conocemos por los usos tradicionales que la planta ha tenido a lo largo de la historia.

Pero la ciencia moderna no solo está confirmando estas propiedades, sino que está descubriendo otras, algunas de ellas con inmensas posibilidades. En muchas partes del mundo estamos experimentando un nuevo despertar del cannabis. Gracias a la reforma de las legislaciones de algunas zonas, la investigación científica se está avivando. Lamentablemente, el prohibicionismo imperante en muchas otras dificulta la investigación y retrasa nuestro conocimiento.

 

 

El peligro de los falsos mitos sobre las propiedades medicinales del cannabis

Consecuencia del prohibicionismo también es el surgimiento de falsos mitos entorno a las propiedades medicinales del cannabis, tanto por exceso como por defecto. Quien esto suscribe no deja de ver en las redes sociales ejemplos de estos mitos en discusiones sobre el cannabis. Por un lado están los que infravaloran o desestiman las propiedades terapéuticas del cannabis, alegando que como mucho puede servir de analgésico o que se trata de un discurso falaz  pro-legalización.

 

Por otro lado, están aquellos que exageran las propiedades terapéuticas del cannabis, adjudicándole propiedades que no tiene o que no se ha demostrado que tenga. Así, nos hemos encontrado con gente que, con toda la tranquilidad del mundo, asegura que el cannabis cura el cáncer o el glaucoma, y que el prohibicionismo es una conspiración de las farmacéuticas para evitar el acceso a tan maravillosa medicina y cronificar así las enfermedades.

 

Ambos discursos son tremendamente dañinos a la hora de defender la legalización del cannabis, especialmente el medicinal. Cuando se exageran por exceso o por defecto las propiedades del cannabis, se genera un sustrato de desconfianza hacia el mundo del cannabis en general, sobre todo por parte de aquellas personas reacias a considerar su legalización. Por ello, es responsabilidad de los comunicadores del cannabis, y por extensión de cualquier persona que trate el tema del cannabis medicinal, de defenderlo con propiedad, apelando siempre que se pueda a la ciencia o, en su defecto, al arraigo del conocimiento popular.

 

 

10 propiedades medicinales del cannabis

La mayoría de propiedades medicinales del cannabis se atribuyen a sus dos cannabinoides principales, el THC y el CBD, pero el cannabis es una planta muy compleja con alrededor de 400 compuestos, siendo más de 60 de ellos cannabinoides. De algunas de las siguientes propiedades hay suficiente evidencia científica y de otras hay indicios anecdóticos suficientes como para justificar futuras investigaciones.

 

  • Tratamiento del dolor crónico y de enfermedades con cuadros de dolor asociados.

Quizá el tratamiento del dolor sea el principal uso del cannabis medicinal. Parece resultar efectivo en cuadros de dolor crónico, dolor neuropático e incluso se pueden tratar dolores localizados mediante ungüentos con CBD.

 

  • Tratamiento de espasmos musculares en esclerosis múltiple, dolores y rigidez de artritis

La marihuana parece funcionar contra espasmos musculares allá donde tratamientos convencionales apenas logran un resultado. También alivia las contracciones y el dolor en la esclerosis múltiple, y la inflamación con el dolor asociado en la artritis reumatoide. El cannabis también mejora el sueño de estos pacientes por lo que aumenta su calidad de vida.

 

  • Control de crisis epilépticas

 Quizá los casos más dramáticos en los que se aprecian los beneficios terapéuticos del cannabis sean las epilepsias refractarias, aquellas para las que ningún tratamiento convencional funciona. El cannabis usado en pacientes con epilepsias devastadoras como el síndrome de Dravet, que afecta a niños, experimentan mejoras espectaculares. Claro que, para las autoridades médicas, se trata de casos anecdóticos (por mucho que abunden) aunque ya comienza a menudear la evidencia científica.

 

  • Potencial tratamiento contra la expansión del cáncer

 Aunque se trata de una investigación sobre células cancerosas en laboratorio, los resultados sugieren que el CBD en combinación con otros compuestos del cannabis, podría detener la metástasis en cánceres agresivos. Otros estudios en ratones sugieren que el THC y el CBD podrían reducir el crecimiento o el tamaño de tumores en dosis adecuadas.

 

  • Tratamiento contra la ansiedad

 Muchos consumidores de cannabis, especialmente los moderados, lo que persiguen no es colocarse sino relajarse. Hay estudios que demuestran que el cannabis, en bajas dosis, produce efectos relajantes, mientras que en dosis mayores pueden producir ansiedad, es decir, el efecto opuesto. En este sentido podemos aplicar la frase “si te pasas te lo pierdes”.

 

  • Estrés post traumático

Otras de las propiedades medicinales del cannabis que se ha demostrado es que los endocannabinoides (cannabinoides que produce nuestro propio organismo) ayudan a regular el sistema responsable del miedo y la ansiedad en el cerebro y el cuerpo. En algunos estados de EE.UU., una de las principales causas para solicitar licencias de consumo de cannabis medicinal es el estrés postraumático. Pero todavía hay muchas cuestiones en el aire acerca de la conveniencia de tratar este tipo de desorden con cannabis sin un control absoluto de dosis y compuestos. La razón la podéis encontrar en el punto anterior.

 

  • Alzheimer y reducción de temblores en Parkinson

El cannabis parece tener algunas propiedades neuroportectoras. Investigadores israelíes han hallado que el cannabis reduce notablemente los temblores en la enfermedad de Parkinson hasta el punto de mejorar la motricidad fina. También, aunque en estadíos tempranos de investigación, parece que el THC retarda la formación de placas amiloides al bloquear la enzima en el cerebro que las produce. Estas placas matan las células cerebrales y están asociadas con el Alzheimer. Otros estudios sugieren que el dronabinol, un medicamento basado en el THC, reduce el comportamiento errático en cuadros de demencia.

 

  • Analgésico, antiemético y estimulador de apetito en tratamientos de cáncer 

Ya hablamos de la capacidad del cannabis para tratar el dolor en el punto 1. Esto se aplica también al cáncer y a las molestias derivadas del tratamiento de quimioterapia. El cannabis reduce la náusea e incrementa el apetito en pacientes de cáncer.

 

  • Tratamiento contra el alcoholismo y dependencia de otras drogas.

Quizá les sorprenda a algunos, pero el cannabis se está investigando también por su potencial para reducir la dependencia de drogas duras, incluido el alcohol. Comienza a haber evidencia anecdótica de que cannabis y alcohol son mutuamente excluyentes, es decir, que cuando ambas sustancias están igualmente accesibles, la tendencia es a dar preferencia al cannabis que al alcohol. Esto tiene especial relevancia si tenemos en cuenta que el cannabis es una sustancia mucho más segura que el alcohol.

 

 

  • La marihuana puede ayudar con las enfermedades inflamatorias intestinales.

La enfermedad de Crhon o la colitis ulcerosa podrían ser tratadas con cannabis. Un estudio de la Universidad de Nottingham descubrió que compuestos del cannabis interactúan con las células del cuerpo que juegan un papel importante en la función intestinal y en las respuestas inmunológicas.

 

 

el aceite de Malena

Cuando el estado falla: el aceite de Malena

El aceite de Malena es el resultado del Desamparo y desesperación. Esto es lo que siente Silvia, la madre de Malena, una niña de 11 años de Villa Luro, al oeste de buenos Aires, aquejada de epilepsia refractaria, que comenzó a tratarla con aceite de cannabis sin el amparo del estado

 

“Desde que fue diagnosticada probamos distintos tratamientos. Tomó diversos medicamentos en dosis variadas y durante tres años y medio hizo una dieta muy estricta y muy complicada, la dieta cetogénica, que consiste en comer proporciones altas de grasas y bajas de hidratos de carbono”, cuenta Silvia al diario Clarín.

 

“Hablamos de epilepsia refractaria”, dice el investigador español Mariano Garcia de Palau, “cuando las crisis epilépticas son tan frecuentes que limitan la habilidad del paciente para vivir plenamente acorde con sus deseos y su capacidad mental y física, o cuando el tratamiento anticonvulsivante no controla las crisis, o sus efectos secundarios son limitantes para un desarrollo normal de la persona”.

 

La legalización de la investigación para uso medicinal del cannabis aprobada en 2017 en Argentina, únicamente contempla la epilepsia refractaria como enfermedad legalmente tratable con cannabis.

 

“Luego de que se aprobara la ley de uso medicinal del cannabis, empecé a interiorizarme con ese tema y quise probar”, continúa Silvia.

 

“Yo le había consultado a la neuróloga de Malena si podíamos probar con aceite y me había dicho que mejor no, porque faltaba investigar. Pero me informé y quise probar, y gradualmente le fui sacando la dieta y también escalonadamente empecé a darle aceite que me preparó un amigo de un amigo que trata a su nena con cannabis: mi hija mejoró enseguida“.

 

“En una hora, había dejado de babear, miraba conectada, podía hablarme, no tenía ausencias. Ni con la dieta había estado así de bien”.

 

Mediante Facebook conoció a una chica, también de Villa Luro, que prepara su propio aceite para trata su fibromialgia, y comenzó a producir también para Malena. “Fui buscando la dosis adecuada para el tratamiento de mi hija, con distintas concentraciones de CBD”, cuenta Silvia.

 

El CBD es el principal cannabinoide no psicoactivo de la marihuana, al que se le reconocen múltiples propiedades terapéuticas y es actualmente objeto de numerosas investigaciones científicas para elaborar tratamientos para muy diversas condiciones.

Aunque es cierto que aun falta desarrollar más ensayos clínicos para determinar la efectividad de los cannabinoides en las epilepsias, no solo los casos anecdóticos se multiplican, sino que existen cada vez más evidencias científicas sobre el papel neuroprotector de los mismos en condiciones como la que nos ocupa.

 

Silvia se enteró de que el Hospital Garrahan, de cuyo servicio de Neurología su hija es paciente, iba a ser la sede de uno de los ensayos clínicos anunciados por el Programa Nacional para el Estudio y la Investigación del Uso Medicinal de la Planta de Cannabis.

 

Así pues, Silvia le pidió a la médica de Malena que les tuviera en cuenta, “porque ya veía los efectos beneficiosos del cannabis en ella, y me dijo que así sería, pero que tenía que suspender la administración del aceite casero que le daba a Malena para que estuviera ‘limpia’ de eso al momento de empezar los estudios. Lo suspendí gradualmente, pero no llamaron. Esperé un mes y medio, pero no llamaron”.

 

“Voy a empezar a cultivar yo”

 

Durante ese tiempo, cuenta Silvia que “Malena empezó a estar mal de nuevo. Se desconecta, se siente sin fuerzas, tiene ausencias, babea. Me dijeron que en julio me estarían llamando para firmar las autorizaciones y empezar los análisis para que Malena fuera parte del estudio, pero no hubo respuesta. Entonces volví a darle el aceite porque yo no puedo ver el deterioro diario de mi hija sin hacer nada”.

 

“Voy a empezar a cultivar yo, porque de parte del Estado siento desamparo. Es un derecho que mi hija tiene y que no se está cumpliendo”, protesta Silvia. “Si toma aceite, su vida y la mía son más llevaderas. Yo la veo mejor. Está mejor en la escuela especial a la que va, y en la colonia a la que va todos los sábados. Y si yo la veo bien, no voy a frenar. Lo ilegal no me va a frenar”.

 

No hay mayor desprotección para un padre que el tener que recurrir a sus propios medios, sin importar que sean ilegales, para poder dignificar mínimamente la vida de su hijo enfermo. Las regulaciones mojigatas no sirven de nada y, tras décadas de prohibición irracional se hace necesaria una revisión y regulación integral del cannabis que, en primer lugar, proteja y atienda las necesidades vitales de los enfermos, y que, más ampliamente reconozca y proteja los derechos y la salud de los consumidores.

 

Fuentes: Clarín
Foto: Martín Bonetto

 

cbd reduce adicción a la cocaína

El CBD podría reducir la adición a la cocaína

Una investigación llevada a cabo por el grupo de Neurobiología del Comportamiento (GReNeC-NeuroBio) de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) en Barcelona, demuestra que el CBD tiene el potencial de reducir los efectos adictivos de la cocaína

 

Varios estudios han demostrado que el CBD o cannabidiol, el principal componente no psicoactivo del cannabis, tiene un valor terapéutico potencial para una amplia gama de trastornos, incluyendo ansiedad, psicosis y depresión, pero también para el tratamiento de adicciones a drogas como la heroína y la cocaína.

 

En el resumen del artículo de investigación que ha sido publicado en la revista Neurophamacology bajo el título de “El tratamiento repetido con Cannabidiol reduce la ingesta de cocaína y modula la proliferación neuronal y la expresión de CB1R en el hipocampo de ratones.”, leemos que “los derivados cannabinoides han mostrado resultados prometedores para el tratamiento de trastornos neuropsiquiátricos, incluida la adicción a las drogas.“

Para determinar la capacidad del CBD para atenuar el refuerzo de la cocaína, se administró cocaína a ratones, los cuales tenían la posibilidad de autoadministrarse CBD presionando una palanca. Se observó que el CBD reducía el consumo voluntario de cocaína. Esto, junto a las observaciones que se realizaron en el cerebro de los ratones, sugiere que el CBD “puede modular algunas manifestaciones conductuales y moleculares del refuerzo de la cocaína”, lo que “proporciona nuevas perspectivas para utilizar el CDB como una herramienta terapéutica.”

 

Olga Valverde, directora del estudio, apunta que el CBD “incrementa la expresión de factores neurotróficos mediante un mecanismo que involucra a los receptores cannabinoides CB1 y promueve la proliferación de nuevas células en el hipocampo, área cerebral relacionada con las funciones de la memoria.”

 

El artículo de Valverde y sus colegas, del cual se ha hecho eco la Delegación de Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas en su cuenta de Twitter, viene a contrastar con un estudio previo publicado en la Journal of Psychopharmacology en 2017, según el cual no se había observado este efecto del CBD en ratas macho (recordamos que el estudio de Valverde et al. fue hecho en ratones) y concluía que era necesario realizar “más investigación, utilizando una más amplia gama de dosis y vías de administración, de regímenes de tratamiento y pruebas de comportamiento para aclarar el potencial del cannabidiol como tratamiento para el desorden de abuso de sustancias.”

 

 

La necesidad de revisar la clasificación del CBD

 

También en 2017, dos autores españoles, Jorge Manzanares y María Salud García Gutiérrez, del Instituto de Neurociencias de la Universidad Miguel Hernández-CSIC se preguntaban en un pequeño artículo de investigación si el CBD podría ser potencialmente útil para el tratamiento de desórdenes neuropsiquiátricos y de adicción a las drogas. Tras citar una serie de estudios que vienen a confirmar las propiedades ansiolíticas del CBD entre otras, su capacidad para modular los efectos del THC y de destacar su potencial para tratar adicciones, incluida la heroína, el artículo se detiene en una crítica a la clasificación del cannabis y, en particular, del CBD como sustancia sin valor terapéutico, según la Convención Única sobre Estupefacientes de la ONU y la Ley de Sustancias Controladas de EE.UU. Vale la pena reproducir el fragmento:

“A pesar de la gran cantidad de evidencias que sugieren el potencial del uso terapéutico del CDB, existe cierta controversia con respecto a su perfil como droga de abuso que dificulta significativamente el desarrollo ulterior de estudios básicos y clínicos.

El CDB está actualmente clasificado en la Lista 1 de acuerdo con la Convención Única de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes de 1961 y la Ley de Prevención y Control del Uso Indebido de Drogas de los Estados Unidos. La Ley de Sustancias Controladas (CSA, por sus siglas en inglés) define las sustancias de la Lista I como que presentan “un uso médico no aceptado en la actualidad, una falta de seguridad aceptada para su uso bajo supervisión médica y un alto potencial de abuso”. Además, el CDB está clasificado como una droga de la Lista 2 de acuerdo con la Ley de Drogas y Sustancias Controladas, implicando también “un alto potencial de abuso que puede conducir a una severa dependencia psicológica o física”.

Sin embargo, no hay evidencia que apoye estas consideraciones. Por otra parte, el CDB no está sujeto a ninguna restricción especial en Europa. A diferencia del THC, el CBD no provoca euforia ni intoxicación. La falta de actividad psicoactiva parece estar relacionada con su baja afinidad con los receptores CB1 (100 veces menos que el THC). Curiosamente, estudios recientes llevados a cabo en nuestro laboratorio demostraron que el CBD no induce preferencia por lugares condicionados, signos de abstinencia o autoadministración oral, lo que sugieran su falta de propiedades como droga de abuso.”

Los investigadores concluyen así que, dada la falta de evidencias que sugieran que el CBD tiene potencial de abuso, sumado a los abrumadores indicios científicos sobre su potencial terapéutico, se hace urgente y necesaria una reclasificación de esta sustancia para facilitar su investigación y su uso.

 

 

El cannabis reduce los problemas asociados a opiáceos y alcohol 

 

En otra ocasión os referíamos un artículo de la Sociedad para el Estudio de las Adicciones que concluía que “la marihuana no tiene ninguna influencia causal sobre la iniciación en las drogas duras”. Además de ello, aumenta la evidencia de que el cannabis puede ser usado como una transición para abandonar dependencias de sustancias más peligrosas como los opioides, el alcohol, medicamentos, cocaína y tabaco.

 

Por ejemplo, en aquellas jurisdicciones donde el consumo de marihuana es legal, las investigaciones han constatado una reducción constante del abuso de opioides y la mortalidad asociada.

 

Poco después de la legalización, las muertes asociadas a opiáceos y heroína se redujeron un 20% según datos de la Journal of the American Medical Association. En general, los investigadores concluyen que “los estados con leyes sobre el cannabis medicinal tienen una tasa media anual de mortalidad por sobredosis de opiáceos un 24,8 por ciento menor que la de estados sin leyes sobre el cannabis medicinal”.

 

Los datos publicados el pasado mes de abril en la revista Drug and Alcohol Dependence también reportan una dramática disminución en las hospitalizaciones relacionadas con analgésicos opiáceos después de la legalización.

 

 

El cannabis como droga de salida

 

En conexión con todo ello, no podíamos dejar de hacer referencia a High Sobriety, una clínica de Los Angeles cuyo concepto parte de sustituir una adicción letal por otra no letal usando el cannabis. A pesar de la controversia aparente, según datos de la SAMHSA (Substance Abuse & Mental Health Services Administration), solo un 25% de las personas que siguen programas basados en la abstinencia no vuelven a recaer, por lo que High Sobriety está pensado para el 75% restante.

“No hay ninguna razón científica para creer que es mejor ser completamente miserable estando sobrio que consumir cannabis de vez en cuando, o incluso con bastante regularidad, como adulto, y ser funcional, feliz y productivo”, opina el Dr. Reiman, consultor no remunerado de High Sobriety.

 

 

 

 

cáncer y cannabis

Cáncer y cannabis: más investigación para aclarar los mitos

Cáncer y cannabis. Si bien es cierto que actualmente existen estudios que empiezan a descubrir propiedades realmente prometedoras en lo que respecta al cáncer, los mitos que se crean y persisten alrededor del cannabis podrían resultar fatales, si, en base a ellos, un paciente decide abandonar los tratamientos convencionales.

 

Uno de los peligros de imponer el prohibicionismo sobre una sustancia común e íntimamente ligada a muchas facetas de los usos y costumbres del ser humano, es que comienzan a surgir mitos entorno a sus propiedades. En el caso del cannabis, no son pocos los que, dejándose llevar por información mal interpretada, exagerada o sacada de contexto, le atribuyen propiedades cuya evidencia científica aun no es suficiente, algo que vemos una y otra vez con respecto al cáncer.

 

Quizá una de las investigaciones más prometedoras sea la que llevó a cabo el Doctor Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia Nacional de Farmacia y miembro del Comité Directivo de la International Association for Cannabinoid Medicines, quien hace 18 años publicó en la prestigiosa revista Nature un artículo sobre el potencial anticancerígeno de los cannabinoides.

 

Desde la publicación de este artículo, Guzmán se ha mantenido a la vanguardia de la investigación científica sobre el cannabis. En el estudio reflejado en el artículo citado, el equipo de Guzmán inyectó THC en células de cáncer de mama, las cuales encogieron y murieron. En otras investigaciones también observaron cierto éxito en la aplicación del THC en tumores cerebrales, pero las restricciones sobre el cannabis en España han dificultado la investigación científica, limitando la exploración del cannabis como una promesa terapéutica contra el cáncer.

 

Para la simbiosis cáncer y cannabis. La importancia de la vía de administración


La revista de cannabis medicinal RxLeaf le preguntó a Guzmán cómo era posible que, consumidores de cannabis tan comprometidos como Bob Marley o Tommy Chong (del dúo cómico Cheech and Chong), hubiesen desarrollado cáncer. Aunque la cuestión parece un tanto ingenua, pretende ilustrar el punto de vista de quienes se dejan llevar rápidamente por los mitos, sin considerar la información de forma crítica.
“Lo que es cancerígeno no es el cannabis, sino fumar cannabis, como fumar tabaco”, responde Guzmán. “En otras palabras, el problema es la combustión de la planta.”

Esto no quiere decir que los cánceres de Marley y Chong fuesen debidos a fumar marihuana, sino que el hecho de fumarla no solo no te protege contra el cáncer necesariamente, sino que podría inducirlo, al igual que el tabaco, a causa de los radicales libres que se producen en la combustión de la planta.

Hay que tener en cuenta pues que, para aprovechar las posibles propiedades antitumorales del cannabis, la vía fumada puede resultar ineficiente para administrar la dosis adecuada de cannabinoides, además de contraproducente.

Al respecto dice Guzmán que “se necesitan más estudios para definir las posibles dosis antitumorales de los cannabinoides. Lo mismo que para las vías de administración, aunque en este caso uno iría intuitivamente por una vía de farmacocinética sostenida/lenta como oral, oromucosa, o similar.” Es decir, si lo que quieres es aprovechar de forma eficiente y segura las propiedades terapéuticas del cannabis, ingiérelo (de la forma adecuada) en vez de fumarlo.

 

El caso es que la cultura popular tiende a apoyarse en reportes anecdóticos para dar legitimidad a propiedades no confirmadas del cannabis. No es lo mismo fumar cannabis que consumir un extracto de cannabinoides por vía oral, de la misma forma que no es lo mismo inyectar THC en células tumorales en una placa de cultivo que aplicarlo a un ser humano con cáncer.

El caso de Alysa Erwin

 

Pero los casos anecdóticos menudean, y algunos son lo suficientemente llamativos como para vislumbrar cierta esperanza. Por ejemplo, el caso de Alysa Erwin es ciertamente espectacular. Alysa fue diagnosticada con una forma muy extraña cáncer cerebral a los 14 años. Se trataba de un astrocitoma anaplásico avanzado, con una esperanza de supervivencia prácticamente inexistente. Sin opción a la cirujía por las peculiaridades de esta forma de cáncer, en la que no hay tumores individuales que se puedan atacar u operar, se sometió a quimioterapia, tratamiento que la debilitó rápidamente.

 

En su desesperación y tras discutirlo con sus familiares, abandonó la quimioterapia a espaldas de su médico de cabecera y comenzó a tratarse con un aceite altamente concentrado de cannabis consumido por vía oral. Los primeros efectos fueron los propios del cannabis como tratamiento paliativo: recuperación del apetito y reducción del dolor y la náusea. Después de tres meses de tratamiento en secreto, sin conocimiento de su médico, un escáner mostró que el crecimiento del cáncer se había detenido.

 

Exámenes posteriores revelaron remisión de la enfermedad, pero su médico descubrió que su test de sangre era incompatible con un tratamiento de quimioterapia. Alysa confesó que consumía aceite de cannabis y, con la boca pequeña, el doctor la animó a seguir haciendo lo que fuera que estuviese haciendo, dados los milagrosos resultados que estaba observando.

Tras problemas con el abastecimiento de su medicina cannábica y, tras un año libre de cáncer, este volvió a aparecer, por lo que volvio a su tratamiento de cannabis y, hasta la fecha, no hay noticia de que haya vuelto a aparecer.

 

Se necesitan más estudios sobre cáncer y cannabis… y aflojar las restricciones 

 

Existen muchos casos como el de Alysa Erwin, pero a pesar de que ofrecen cierta esperanza, aun no sabemos cómo tratar exactamente el cáncer con cannabis, cuál es la mejor manera de hacerlo, qué cannabinoides son fundamentales, qué contraindicaciones pueden derivarse, etc.

 

A pesar de que hay investigaciones muy prometedoras en marcha, aun hace falta recorrer mucho camino.

 

Los casos anecdóticos ofrecen un camino y, desde luego, un asidero para pacientes desahuciados. De ahí la necesidad de apelar a la responsabilidad de los gobiernos: la investigación médica del cannabis no debería tener ningún tipo de límite. Cada obstáculo legal a la investigación representa, en el peor de los casos, la sentencia de muerte para muchísimos enfermos y, en el mejor, una reducción sustancial de la calidad su vida.

 

Fuente: RxLeaf