cáncer y cannabis

Cáncer y cannabis: más investigación para aclarar los mitos

Si bien es cierto que actualmente existen estudios que empiezan a descubrir propiedades realmente prometedoras en lo que respecta al cáncer, los mitos que se crean y persisten alrededor del cannabis podrían resultar fatales, si, en base a ellos, un paciente decide abandonar los tratamientos convencionales.

 

Uno de los peligros de imponer el prohibicionismo sobre una sustancia común e íntimamente ligada a muchas facetas de los usos y costumbres del ser humano, es que comienzan a surgir mitos entorno a sus propiedades. En el caso del cannabis, no son pocos los que, dejándose llevar por información mal interpretada, exagerada o sacada de contexto, le atribuyen propiedades cuya evidencia científica aun no es suficiente, algo que vemos una y otra vez con respecto al cáncer.

 

Quizá una de las investigaciones más prometedoras sea la que llevó a cabo el Doctor Manuel Guzmán, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia Nacional de Farmacia y miembro del Comité Directivo de la International Association for Cannabinoid Medicines, quien hace 18 años publicó en la prestigiosa revista Nature un artículo sobre el potencial anticancerígeno de los cannabinoides.

 

Desde la publicación de este artículo, Guzmán se ha mantenido a la vanguardia de la investigación científica sobre el cannabis. En el estudio reflejado en el artículo citado, el equipo de Guzmán inyectó THC en células de cáncer de mama, las cuales encogieron y murieron. En otras investigaciones también observaron cierto éxito en la aplicación del THC en tumores cerebrales, pero las restricciones sobre el cannabis en España han dificultado la investigación científica, limitando la exploración del cannabis como una promesa terapéutica contra el cáncer.

 

La importancia de la vía de administración


La revista de cannabis medicinal RxLeaf le preguntó a Guzmán cómo era posible que, consumidores de cannabis tan comprometidos como Bob Marley o Tommy Chong (del dúo cómico Cheech and Chong), hubiesen desarrollado cáncer. Aunque la cuestión parece un tanto ingenua, pretende ilustrar el punto de vista de quienes se dejan llevar rápidamente por los mitos, sin considerar la información de forma crítica.
“Lo que es cancerígeno no es el cannabis, sino fumar cannabis, como fumar tabaco”, responde Guzmán. “En otras palabras, el problema es la combustión de la planta.”

Esto no quiere decir que los cánceres de Marley y Chong fuesen debidos a fumar marihuana, sino que el hecho de fumarla no solo no te protege contra el cáncer necesariamente, sino que podría inducirlo, al igual que el tabaco, a causa de los radicales libres que se producen en la combustión de la planta.

Hay que tener en cuenta pues que, para aprovechar las posibles propiedades antitumorales del cannabis, la vía fumada puede resultar ineficiente para administrar la dosis adecuada de cannabinoides, además de contraproducente.

Al respecto dice Guzmán que “se necesitan más estudios para definir las posibles dosis antitumorales de los cannabinoides. Lo mismo que para las vías de administración, aunque en este caso uno iría intuitivamente por una vía de farmacocinética sostenida/lenta como oral, oromucosa, o similar.” Es decir, si lo que quieres es aprovechar de forma eficiente y segura las propiedades terapéuticas del cannabis, ingiérelo (de la forma adecuada) en vez de fumarlo.

 

El caso es que la cultura popular tiende a apoyarse en reportes anecdóticos para dar legitimidad a propiedades no confirmadas del cannabis. No es lo mismo fumar cannabis que consumir un extracto de cannabinoides por vía oral, de la misma forma que no es lo mismo inyectar THC en células tumorales en una placa de cultivo que aplicarlo a un ser humano con cáncer.

El caso de Alysa Erwin

 

Pero los casos anecdóticos menudean, y algunos son lo suficientemente llamativos como para vislumbrar cierta esperanza. Por ejemplo, el caso de Alysa Erwin es ciertamente espectacular. Alysa fue diagnosticada con una forma muy extraña cáncer cerebral a los 14 años. Se trataba de un astrocitoma anaplásico avanzado, con una esperanza de supervivencia prácticamente inexistente. Sin opción a la cirujía por las peculiaridades de esta forma de cáncer, en la que no hay tumores individuales que se puedan atacar u operar, se sometió a quimioterapia, tratamiento que la debilitó rápidamente.

 

En su desesperación y tras discutirlo con sus familiares, abandonó la quimioterapia a espaldas de su médico de cabecera y comenzó a tratarse con un aceite altamente concentrado de cannabis consumido por vía oral. Los primeros efectos fueron los propios del cannabis como tratamiento paliativo: recuperación del apetito y reducción del dolor y la náusea. Después de tres meses de tratamiento en secreto, sin conocimiento de su médico, un escáner mostró que el crecimiento del cáncer se había detenido.

 

Exámenes posteriores revelaron remisión de la enfermedad, pero su médico descubrió que su test de sangre era incompatible con un tratamiento de quimioterapia. Alysa confesó que consumía aceite de cannabis y, con la boca pequeña, el doctor la animó a seguir haciendo lo que fuera que estuviese haciendo, dados los milagrosos resultados que estaba observando.

Tras problemas con el abastecimiento de su medicina cannábica y, tras un año libre de cáncer, este volvió a aparecer, por lo que volvio a su tratamiento de cannabis y, hasta la fecha, no hay noticia de que haya vuelto a aparecer.

 

Se necesitan más estudios… y aflojar las restricciones

 

Existen muchos casos como el de Alysa Erwin, pero a pesar de que ofrecen cierta esperanza, aun no sabemos cómo tratar exactamente el cáncer con cannabis, cuál es la mejor manera de hacerlo, qué cannabinoides son fundamentales, qué contraindicaciones pueden derivarse, etc.

 

A pesar de que hay investigaciones muy prometedoras en marcha, aun hace falta recorrer mucho camino.

 

Los casos anecdóticos ofrecen un camino y, desde luego, un asidero para pacientes desahuciados. De ahí la necesidad de apelar a la responsabilidad de los gobiernos: la investigación médica del cannabis no debería tener ningún tipo de límite. Cada obstáculo legal a la investigación representa, en el peor de los casos, la sentencia de muerte para muchísimos enfermos y, en el mejor, una reducción sustancial de la calidad su vida.

 

Fuente: RxLeaf
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